Cada 28 de Febrero solemos asistir en Almería a la ceremonia de la confusión sobre el resultado del referéndum del proceso autonómico, porque aún hoy algunos quieren sacarle partido político a aquella trampa que pusieron la UCD y el PSOE a Andalucía con el fin de evitar lo inevitable tras el 4D de 1977.
Pero como no me gustaría insistir en la obviedad de que Almería no pudo responder a aquello por lo que no se le preguntó (“¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo 151 de la Constitución a efectos de su tramitación por el procedimiento establecidos en dicho artículo?”), ni tampoco recordar que los síes fueron 10 veces más que los noes, ni que la petición de referéndum vino ratificada por casi el 100% de los ayuntamientos de la provincia que representaban a casi el 100% de los almerienses, que lo pidieron todos los partidos políticos menos los nostálgicos del franquismo, ni que fueron los legítimos representantes en las Cortes Generales quienes firmaron el desbloqueo autonómico, querría plantear el “¿qué habría pasado si…?”
En aquel referéndum del 28 de febrero se preguntó sobre cómo quería Andalucía acceder a la autonomía, pero tras el resultado se planteaba el dilema de qué hacer.
Y es que una de las trampas poco estudiadas de aquel proceso, fue que en realidad no se convocó un único referéndum, sino ocho, uno distinto y diferenciado en cada provincia, pero a la vez, concatenados. Es decir, el Gobierno de la UCD con la complicidad activa e imprescindible del PSOE (vergüenza causa que sus líderes fuesen andaluces), convocó un referéndum en cada provincia, en todos se hizo la misma pregunta, y perder en uno de ellos implicaba que todos se perdían.
Aquello, que era una aberración jurídica y democrática, se convirtió en una ratonera cuando se produjo la victoria conforme a lo establecido en siete de los referendos, pero en el de Almería, pese a que los síes eran diez veces más que los noes, por apenas unas miles de abstenciones, el referéndum se perdía, y con él, era toda Andalucía la que se quedaba sin autonomía de primera.
Las opciones que se barajaron para salir de aquel embrollo fueron varias, y conviene recordarlas para comprender que habría sido de Almería de no haberse actuado como se actuó.
Una era dejar a toda Andalucía encallada en el artículo 143 de la Constitución, que era lo que respondía a la exigencia legal, y aunque no estaba claro que eso supusiera una merma de derechos respecto a las privilegiadas “regiones” vasca y catalana, era lo que se temía desde el andalucismo, si bien se fueron sumando luego el resto de partidos empujados por la ciudadanía, que siempre fue por delante de ellos. Pero condenar a toda Andalucía a pesar de que muy mayoritariamente había reclamado la autonomía plena -incluso en Almería- no habría sido entendido por nadie, así, solo la UCD mantuvo esa vía abierta, y acabó cerrándola, aceptando la victoria real aunque no legal.
Antes de aquello, la UCD y el PSOE plantearon la posibilidad de volver a hacer un referéndum cinco años después, aunque ambos sostenían que en el futuro no habría diferencias competenciales entre las del 143 y las del 151. ¿Entonces para que se creó la vía del referéndum si todas iban a ser iguales?
También hubo otras propuestas, como que esa repetición de referéndum solo se hiciese en Almería transcurrido el lustro (recordemos que se hizo un referéndum distinto por provincia), y que mientras, el resto de Andalucía se encaminara por el 151, pero a esto se negaron los andalucistas principalmente, defensores de que el sí había ganado también en esta provincia, por lo que había que dar respuesta a esa situación sin generar agravios, y al final la UCD y el PSOE acabaron sumándose a ello, e incluso abanderándolo.
Por tanto, no solo mienten quienes dicen que Almería dijo no a estar en Andalucía, porque no se preguntó eso, sino también porque los síes ganaron a los noes de calle, pero es que además cualesquiera otra solución distinta a la que se dio —gracias a la gestión del Partido Socialista Andaluz y Rojas Marcos, no al PSOE, aunque se la haya querido atribuir históricamente— habría sido mala para nuestra tierra en su conjunto, y en especial para Almería, cuyo despegue económico coincide con el desarrollo autonómico.
¿Tal vez una Almería reenganchada con cinco años de retraso a una autonomía ya avanzada hubiese sido mejor? ¿Qué habría sido de Almería en ese tiempo de indefinición política, institucional, económica, social...?
Pero existe otra clave más, y es que en aquellas fechas, los territorios que quisieran autonomía debían promover un referéndum, como hizo Andalucía y como iban a hacer otras “regiones”, que se pararon ante el embrollo del 28F, y que luego se resolvió con el famoso “café para todos”. De este modo el resultado del nuevo referéndum habría podido ser el mismo, y por tanto, mantenerse el lío, o habría podido cumplir la exigencia y sumarse al resto de Andalucía con un lustro de retraso y unas instituciones autonómicas en marcha, o ganar el no —improbable teniendo en cuenta los datos previos de diez veces más síes que noes—, lo que habría supuesto quedarse sin ningún tipo de autonomía, y seguir dependiendo del Estado.
Para haber accedido a su propia autonomía, ateniéndonos a la Constitución, era imprescindible volver a iniciar todo el proceso (petición de los ayuntamientos y Diputación, aprobación del Estado, y que los sies fuesen mayoría sobre censo electoral)… y a seguir perdiendo el tiempo, por eso para Almería, el 28F es un gran día. Cualquier otra opción hubiese sido generado indeseables consecuencias negativas. Feliz Día institucional de Andalucía.