La situación hidrológica este 2023 sigue siendo preocupante en gran parte de España, a causa de unas precipitaciones escasas en lo que llevamos de año, además de arrastrar los efectos del anterior año, extremadamente seco, con 537 litros por metro cuadrado de precipitaciones caídas en el país, señaló Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en declaraciones recogidas por El Periódico. Según el informe sobre precipitación en España de AEMET, se trata del sexto año más seco de la serie histórica empezada en 1961, con un volumen del 16% por debajo del valor normal.
El cambio climático contribuye a la sequía en algunas partes del mundo a causa de la escasez de lluvia. Un estudio publicado en Nature Geoscience ha permitido analizar los cambios en el clima del Atlántico y como el anticiclón de las Azores y su extensión ha afectado a las precipitaciones en toda Europa Occidental, especialmente durante el invierno. Los autores, entre ellos, Caroline Ummenhofer, oceanógrafa física de la Institución Oceanográfica Woods Hole en Estados Unidos, encuentran que esta expansión ha sido posible a medida que el planeta se ha calentado y de esta manera, la sequía se intensificará en España. De hecho, según datos a finales de 2022 del Observatorio Europeo de la Sequía, el 6% del territorio Europeo se encuentra en situación de alerta.
Y, ¿que pasa en Almería?
La provincia de Almería es la zona más árida de España y Europa. La media de las precipitaciones no suele rebasar los 300 mm anuales, y descienden a medida que va hacia el sur y el este, llegando a cabo de Gata, recibiendo sólo una media de 113mm.
Además, Almería es, dentro de este 6% del territorio Europeo, una de las provincias más afectadas por la sequía. De hecho, gracias al monitor de sequía meteorológica, que aporta información a partir de las estaciones meteorológicas automáticas de la Red de AEMET y del SIAR, podemos ver el índice de Precipitación, es decir, la severidad de la sequía teniendo en cuenta la Demanda de agua.
Y, tal y como nos muestran, este mes de marzo está siendo extremadamente seco en todas las zonas de Almería, pero analizando el mismo mes en el 2022, nos encontramos con que el índice era más alto y la zona estaba ligeramente húmeda.
Los embalses, también afectados
Esta sequía, hace también mella en los embalses. A día de hoy, según los datos del Boletín Hidrológico del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) los embalses peninsulares se encuentran al 51,7% de su capacidad y, aunque están en mejor situación que en las mismas fechas de 2022, siguen estando por debajo de la media de la última década (65,2%).
Según este mismo Boletín, el pantano de Benínar, con una capacidad de 63 hm3, está actualmente en el 11,1% de su capacidad, del mismo modo que lo estuvo en las mismas fechas en el año 2022, situándose así en los 7 hectómetros cúbicos.
Por su parte, el pantano de Cuevas de Almanzora cuenta con una capacidad de 161 hm3 y actualmente, según datos del Boletín Hidrológico, se encuentra con una capacidad del 14,29%, situándose en los 23 hm3, mientras en el año 2022 en las mismas fechas tenia una capacidad del 13,66%.
Las desaladoras, una alternativa a la sequía
Joan O. Grimalt, profesor de investigación del CSIC experto en contaminación y atmósfera, en declaraciones recogidas en el medio Newtral, apunta que el agua proveniente de las plantas de desalación ha pasado a ser un complemento fundamental de la planificación hidrológica nacional en un sistema de precipitaciones tan irregular de sequía recurrente.
En Almería contamos con seis instalaciones construidas, las cuales podrían hacer frente a la sequía si funcionaran al 100%, pero solo tres están en activo, (las del Campo de Dalías, de Carboneras y El Bobar), aunque con una de ellas sin funcionar a pleno rendimiento (la de El Bobar).
Todo ello, causa que tal y como señala ASAJA en el periódico eComercio Agrario, “la sequía afecte al rendimiento de las cosechas”.
Según datos recogidos por Coexphal, se habla del descenso de un 25% en la producción del pimiento, de un 22% en tomate, un 21% en pepino y de un 15% del calabacín, según datos conseguidos en 2022, por lo que advierte que “la situación en el campo es de máxima tensión”.