Defender lo indefendible
Por
Jose Fernández
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lunes 04 de octubre de 2021, 12:09h
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La repulsiva relación de dependencia mutua entre el gobierno de Sánchez y la indisimulada prolongación parlamentaria de ETA es como una colada incandescente que gana terreno al mar creando un nuevo territorio pestilente y nocivo. De hecho, el espectáculo de ver al relamido y ególatra Sánchez tragando carros y carretas con los herederos legales de los asesinos a cambio de sus votos es de los que provocan a la vez asco y desprecio.
En este escenario, es prácticamente imposible salir a explicar que los homenajes que la parte más insana de la sociedad vasca propina a bombo y platillo a los criminales que salen de la cárcel son legales y no pueden prohibirse, y salir indemne de ello. Y ese marrón le tocó el otro día a la diputada socialista almeriense Sonia Ferrer, que tuvo que salir a intentar vender algo que, por mucho y muy bien que se intente razonar, insulta gravemente a la memoria de todas las víctimas de ETA, entre las que hay, no lo olvidemos, muchos concejales y cargos del PSOE y varios miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad nacidos en Almería. No es difícil imaginar el estupor y la rabia de esas familias al ver a una política almeriense intentando justificar lo injustificable.
Estoy seguro de que el republicano Ted Abbott, gobernador de Texas (USA) es capaz de explicar con solvencia jurídica las leyes y acuerdos que convierten a la inyección letal en una medida absolutamente legal en ese estado. Pero también estoy seguro de que quien defiende el marco jurídico que permite la aplicación de la pena de muerte acaba siendo, de algún modo, cómplice de los verdugos.
La pajarraca que le están liando a Sonia por todo ello es bastante considerable, pero no basta con pedir el auxilio de un periódico amigo y salir a matizar algunos titulares demoledores sobre su triste intervención parlamentaria defendiendo que no se prohíban estos homenajes. Tampoco basta con decir que esos actos son repugnantes y condenables. Si tanto la asqueaban, existía la posibilidad de sugerir que la moción la defiendiera otra persona y negarse a participar así del infame blanqueo del gobierno de Sánchez a los herederos legales de los criminales. Por muy diputada que se sea y por mucha disciplina de partido que rija en todo momento hay cosas que, sencillamente, no se hacen. Y no se hacen por dignidad y por respeto a los almerienses, a los votantes y a la historia de unos apellidos que explican tu presencia en el hemiciclo.
“No en mi nombre”, como se suele decir. Pero nada de eso sucedió y desde ahora, el de la diputada almeriense está escrito a borbotones en la historia del bochorno parlamentario.
Periodista.Asesor de Prensa en el Ayuntamiento de Almería.
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