Pues no, parece que no tenemos suerte con el tren de alta velocidad que debía haber "aterrizado" en Almería hace ya algún lustro. No, no tenemos suerte ni cuando parece que la tenemos.
Habíamos contado que la Junta de Andalucía se había mostrado especialmente generosa, aumentando por iniciativa propia, su aportación a la Sociedad Almería Alta Velocidad, de la que forma parte también el Estado, ADIF y el Ayuntamiento de la capital, pero desconocíamos la letra pequeña, y ahora sí la hemos podido leer.
La iniciativa de la Junta de Andalucía no es descabellada, pero en una sociedad mercantil, uno de los socios no puede actuar al margen del resto, y eso es lo que parece haber sucedido en este caso. Ha sido tan así, que ni el Ayuntamiento de Almería, del mismo color político que el Gobierno andaluz, ha corrido raudo a defenderlo y apoyarlo. Se ha limitado a pedir que se hable, que se negocie, que se acuerde, pero que no se paren las obras.
Y es que ahí está la clave. Si todos, menos el PSOE, tenemos dudas de que el tren llegue a Almería en 2026, esto es lo que faltaba para justificar futuros y ciertos retrasos en esa fecha.
¿Pero qué es lo que ha dicho la Junta de Andalucía para que se monte la que se ha montado?
Pues ha dicho que multiplicaría su aportación al proyecto de soterramiento, que pagaría ella sola la nueva estación, y también el aparcamiento, que se los quedaría en propiedad, y que éste podría ser concesionado posteriormente.
Hasta ahí, habrá quien le parezca mal que se haga con esas infraestructuras, pero si las paga, no hay mucho que objetar, ahora bien, el problema se suscita si para ello retira la aportación que tenía comprometida con el resto de socios a un proyecto común.
Estas cosas, como bien se ha dicho desde el Ayuntamiento de la capital, han de negociarse para evitar que descarrile el AVE otra vez. Y con esa invitación al diálogo, en vez de tomar partido explícito por la Junta de Andalucía, se puede deducir que el equipo de Gobierno municipal tampoco era conocedor del fondo de la cuestión, habiéndose visto sorprendido por la letra pequeña de lo que implicaba la generosa aportación de la administración autonómica.
Desde luego que la idea de seguir licitando y adjudicando mientras tanto tampoco parece acertada, por mucho que pudiese resultar legal -sería cuestionable en todo caso- pues la experiencia nos ha dejado claro que incluso cuando todo está meridianamente claro, todo esto puede acabar dando al traste... no sería la primera vez que se anuncian licitaciones que no se licitan, adjudicaciones que no se adjudican, o empresas que dejan las obras porque no les pagan, o que renuncian a ellas por razones diversas una vez iniciadas, y hay que empezar de nuevo. Ahora imagínenlo, pero sin saber quién va a pagar.
Lo paradójico es que el dinero, al final, sale siempre del mismo bolsillo: el nuestro y el de nuestros vecinos europeos.
El problema es que, precisamente por eso, porque sale de fondos de la Unión Europea, si no se cumple el cronograma establecido, habrá que devolverlos, y ahí les pido de nuevo que imaginen lo que puede suponer tener que devolver el dinero invertido hasta el momento, y además financiar el resto del proyecto. ¿Creen que tenemos o tendremos músculo para eso?
En manos de las administraciones está no hacer descarrilar otra vez el AVE, porque lo cierto es que la ocasión para ello es providencial, ya que el PSOE podrá acusar al PP de retrasos por su decisión unilateral, el PP acusará al PSOE del retraso por no aceptar lo que supone el aumento de inversión, y el resto de partidos acusarán a ambos.
Y nosotros dejando pasar otra vez el tren.