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El Ejido también es naturaleza
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(Foto: Jorge Fornieles)

El Ejido también es naturaleza

Por Moises Palmero Aranda
lunes 25 de septiembre de 2023, 10:26h

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Por el 41º aniversario del Día del Municipio, en el que conmemoramos cuando El Ejido se convirtió en municipio al segregarse de Dalías-Celín, el Ayuntamiento presentó un video promocional en el que, sobre unas espectaculares y preciosas imágenes, se escribe que El Ejido es turismo, agricultura, gastronomía, patrimonio, cultura, deporte y sus pedanías, pero se olvidó incluir que también es naturaleza.

Un detalle sin importancia, una tontería que no pretende desmerecer ni la intención ni el montaje. Estoy seguro, y no es ironía, de que la omisión no fue malintencionada, solo un despiste que se puede justificar con el indiscutible adagio de “una imagen vale más que mil palabras”, ya que el video arranca con los majestuosos flamencos levantando el vuelo y continúa ofreciendo los bellos paisajes naturales y urbanos del pueblo con la intensidad de los azules del cielo, el mar, y los atardeceres, pero al que yo contestaría con la cita bíblica de “una palabra tuya bastará para sanarme”.

Hay cosas que es mejor no dejar a la interpretación, y es bueno ponerlas por escrito para que no haya ningún tipo de dudas. Además, como es un olvido clásico, ya va siendo hora de que en este pueblo empecemos a enorgullecernos, saquemos pecho y vendamos al exterior de que tenemos una biodiversidad y ecosistemas de primer orden y, por tanto, de que también somos naturaleza, que todo lo que tenemos, nuestra historia, la calidad de vida, la economía y el aire que respiramos, es gracias a ella.

Pocos municipios pueden decir que disfrutan de 4 bosques protegidos por figuras autonómicas, nacionales y europeas, donde sobresalen especies singulares como los artos, los azufaifos, y las entinas y sabinas que crecen sobre las dunas costeras; de unos 20 humedales diseminados por el territorio, con Punta Entinas Sabinar a la cabeza, que son el refugio permanente, o temporal, de más de 200 especies de aves, algunas de ellas en peligro de extinción como la garcilla cangrejera o la cerceta pardilla; de ramblas y cañadas que son corredores verdes de indiscutible valor ecológico; o de vivir a orillas del Mediterráneo, con 27 km de costa protegidos por las praderas de fanerógamas marinas como la Posidonia oceanica o la Cymodocea nodosa, generadoras de vida y la razón de la calidad de nuestras playas.

Y por supuesto, no podemos olvidar, que vivimos de nuestros invernaderos, donde lo que vendemos, además del ingenio, el esfuerzo y la valentía de los agricultores, es el agua almacenada durante millones de años en los acuíferos a través de la protectora y permeable Sierra de Gádor, aderezada del viento, las numerosas horas de sol y el impagable trabajo que hacen los insectos por nosotros.

Negar las evidencias, mirar hacia otro lado, obviar esa parte de nuestro pueblo, es desperdiciar oportunidades. Hay que desterrar de una vez por todas la idea de que hablar de disminuir los impactos, de corregir errores, de protección, restauración y regeneración de ecosistemas singulares, es tirar piedras contra nuestro propio tejado, cuando es todo lo contrario.

Conservar la naturaleza es la mejor carta de presentación para nuestras frutas y hortalizas en Europa; es atraer visitantes al municipio para que disfruten de nuestra rica y variada gastronomía, de las horas de sol y de nuestras playas; es comprender por qué tenemos 5.000 años historia y la explicación de que la ciudad de Murgi subsistiese casi 6 siglos; es apostar por la salud, la educación y el futuro, el de nuestros jóvenes y el del planeta al reducir las consecuencias del cambio climático.

Soy consciente de que en los últimos años se está haciendo un esfuerzo por mostrar esa naturaleza a los escolares, por enseñársela a los vecinos y a los visitantes. Pequeños gestos que nos invitan a pensar con optimismo, pero que nos parecen insuficientes, lentos y poco creíbles, cuando se nos olvida dejar por escrito que ante todo, porque es el eje transversal de lo demás, somos naturaleza.

Esta semana celebramos el Día Mundial del Turismo bajo el lema “Turismo e inversiones verdes”. Por responsabilidad, aprovechémoslo, que no sea solo una foto más. Invirtamos, por ejemplo, en recuperar el humedal de Sotomontes; en plantar un bosque de artos en la Cañada de Ugíjar y declararlo Parque Periurbano; en impedir que los vehículos entren en Punta Entinas; en limpiar ramblas, cañadas y playas; o en crear un sendero azul terrestre submarino desde Balerma hasta Cerrillos. No es cuestión de dinero, solo de interés, de prioridades, y de “Aprender a mirar”, y amar, lo que nos rodea. Soy de El Ejido y también soy naturaleza, presumo de ello, de palabra y por escrito.

Moises Palmero Aranda

Natural de El Ejido, Almería. Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad de Almería. Desarrolla su trabajo en el mundo de la Educación Ambiental desde la Asociación El árbol de las piruletas, donde ha utilizado la literatura como una herramienta más de sensibilización. Es autor y narrador de cuentos infantiles, entre los que destaca El árbol de las Piruletas y Un delfín entre las estrellas (próxima publicación) Secretos en el Sendero, nueve relatos de misterio donde se mezcla literatura, senderismo y geocaching, es su primera publicación en solitario. 32 motivos para no dormir; Pasos en la oscuridad; Taller de cuentos; 12 caricias; 13 muertes sin piedad; Ángel de nieve; Ulises en la isla de Wight; Crímenes callejeros; El oasis de los miedos; Letras para el camino, El mar, la mar, Relatos Velezanos V son algunas antologías donde aparecen sus relatos. Colabora en Candil Radio con los programas “La mirada del delfín viajero” y “Letras de Esparto”. En radio UAL dirige y presenta el programa de entrevistas Radio Ecocampus. También ha hecho sus pinitos en el mundo del cortometraje con El hombre y la flor. Otra oportunidad y su guión “Residuos” fue el ganador del I Concurso de guiones para cortometrajes “Carboneras Literaria”. Socio fundador de la Asociación Literaria y Cultural Letras de Esparto.