El pasado lunes se celebró la primera sesión plenaria ordinaria de la era Vázquez Agüero. Al margen de la performance populista protagonizada por Ciudadanos y PSOE invitando a vecinos afectados por contingencias ajenas a las competencias municipales, lo peor estaba por llegar. El PP presentaba una moción para endurecer las medidas contra la okupación ilegal y preservar la propiedad privada que a diario es violentada por este modelo de delincuencia que alientan desde posiciones de la izquierda radical.
La primera intervención de la concejal expodemita, Carmen Mateos, vino a evidenciar sus reminiscencias antisistema, aunque se le podía advertir -equivocadamente- cierta moderación dimanante del sentido de su voto durante la sesión de investidura: emitió una papeleta de abstención insertando el nombre de Mar Vázquez, circunstancia que condujo a considerar su voto como nulo. Quizá fue un gesto feminista por apoyar a una mujer, pero no a su partido político. En fin.
Posteriormente, llegó la intervención del PSOE. El concejal Antonio Ruano, digno candidato para remasterizar la serie “El hombre y la Tierra”, arguyó con denodado énfasis los más peregrinos argumentos. Dijo Ruano que la okupación ilegal es un espejismo difundido por algunos medios de comunicación alarmistas, la banca, fondos buitre y obedece a intereses de las empresas de seguridad. Persistiendo en el desatino, aseguró que la okupación dejaría de existir en tanto el ayuntamiento fomentase la creación de viviendas baratas. Estas deducciones filosóficas inducen a pensar que el atraco a los bancos quedaría erradicado en tanto el ayuntamiento cuelgue de los semáforos una faltriquera con billetes de 500 euros; así, cada ciudadano precisado iría cogiendo lo que creyese oportuno, y ya no tendría que asaltar a una abuela o atracar una sucursal bancaria.
En un asunto tan serio, el histrión llegó al clímax asegurando que en la okupación ilegal “el propietario nunca pierde la propiedad, sólo el uso de la vivienda”. O sea, a usted le roban el coche; el vehículo lo conduce un sujeto por las calles de Namibia y Botswana; pero no se preocupe, el coche sigue siendo suyo, salvo que el uso lo disfruta otra persona. Así entiende el PSOE el fenómeno de la okupación. Por tanto, los socialistas y la concejal exPodemos rechazaron la moción que pretendía endurecer la penas mediante una reforma de la ley, dotando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de las garantías para preservar el legítimo derecho a la propiedad privada, sea de la naturaleza que sea. No se puede justificar el delito en función de si la titularidad es de un banco, un fondo buitre, está deshabitada o pertenece a un particular propietario de las viviendas que le dé la gana.
El PSOE ha mostrado su defensa de las actuales e injustas situaciones que angustiosamente han de soportar los propietarios de viviendas okupadas. Las personas que sufren la okupación ilegal ya pueden estar seguras de que la izquierda no tiene ninguna intención de preservar su derecho a la propiedad privada. Igualmente, todos estamos expuestos por el efecto llamada de un gobierno que, en algunos casos notorios, alientan, fomentan e instruyen en el arte de la okupación para eludir las tenues medidas proveídas por esta lamentable legislación.
Ya saben. Según el socialista Ruano, no hay tal okupación. Es fruto de algunos medios de comunicación y empresas de seguridad. Y nunca se pierde la propiedad de la vivienda okupada, el propietario sólo pierde el uso de su vivienda… Y ahí está el tío, bruñendo escaño en defensa -dice- de los intereses generales de los almerienses.