La vicepresidenta segunda del Gobierno en funciones, Yolanda Díaz, ha demostrado una vez más su falta de respeto por las normas elementales de la democracia y por los ciudadanos al negarse a reunirse con el candidato a la investidura, Alberto Núñez Feijóo, el ganador de las elecciones del 23J. Díaz ha enviado una carta al líder del PP en la que le comunica que delega esa cita en su portavoz parlamentaria, Marta Lois, y le reprocha su intento de formar gobierno con el apoyo de Vox, después de que Santiago Abascal haya confirmado que esa circunstancia no se dará.
Esta actitud es un desprecio a Feijóo y a los millones de ciudadanos que le han otorgado su confianza en las urnas, que son muchísimos más que a ella. Díaz pretende erigirse en la única izquierda posible después de que Pedro Sánchez sí acudiera al encuentro con Feijóo, pero no tiene ni la representatividad ni la coherencia para hacerlo. Sumar es un conglomerado de partidos que no comparten ni el proyecto ni la visión de España, y que además, dependen para poder gobernar de otras formaciones más, como son los independentistas y los proetarras para gobernar.
Díaz se escuda en la defensa de la agenda social y territorial para rechazar el diálogo con Feijóo, pero lo que hace es poner en riesgo la estabilidad y el progreso del país, o por lo menos ha perdido la oportunidad de exhibir buena educación. Su reforma laboral ha sido un fracaso que ha aumentado el paro y la precariedad, y su Ley Trans es una imposición ideológica que ha roto la unidad del feminismo. Díaz no tiene ninguna autoridad moral para exigirle nada a Feijóo, que ha demostrado ser un gestor eficaz y un político moderado y dialogante tras su paso por Galicia con constantes mayorías absolutas mientras ella ha ido de fracaso en fracaso.
La negativa de Díaz a reunirse con Feijóo es una muestra más de su soberbia y su sectarismo. Díaz no quiere dialogar con nadie que no piense como ella, y solo busca el protagonismo y el poder. Díaz no respeta a Feijóo, pero es normal, si no respeta ni a Podemos, ni a Iglesias, ni a Irene Montero, ni a Ione Belarra... que son quienes le pusieron donde están.