En estos tiempos difíciles, en los que falta diálogo entre los diputados, en los que no hay acuerdos... cuando la crisis económica y la inestabilidad política azotan a nuestro país, al fin han dado un paso al frente y han decidido pactar, sí, acordar, confluir. Esos héroes anónimos que se dejan la piel por defender nuestros intereses, que trabajan incansablemente por el bien común, que se enfrentan a los problemas más complejos y trascendentales de nuestra sociedad. ¿Cómo no vamos a reconocer su labor y facilitarles su tarea?
Por eso, es una medida de justicia y de sentido común que los diputados hayan pactado en plena crisis tener un asistente para cada uno por primera vez en la historia. Otros 350 empleados más, que sumar a los traductores... pero si para los traductores han ocasionado enfrentamientos por el gasto, resulta que el asesor personal ha tenido el respaldo unánime (quizá la cosa sea que los traductores más pronto que tarde tendrá que entrar por oposición, y los otros serán elegidos a dedo). Se trata de una decisión sin precedentes en el Congreso, que equipara a nuestra Cámara Baja con otros parlamentos europeos, como el Parlamento Europeo. ¿Acaso no somos europeos? ¿Acaso no queremos estar a la altura de nuestros socios?
Los asistentes de los diputados serán profesionales cualificados -como vemos en los ayuntamientos y diputaciones, donde el requisito fundamental es ser del partido- que realizan una labor puramente administrativa, como la entrega de documentación, la elaboración de resúmenes, el paso de información y la realización de diferentes trámites. Un trabajo imprescindible para que los diputados puedan centrarse en lo realmente importante: crear, revisar, pactar y estudiar nuevas leyes. Además, los asistentes cobran unos modestos 1.700 euros mensuales de base a cargo del Congreso, una cantidad irrisoria si tenemos en cuenta el valor añadido que aportan a nuestra democracia.
Ah... y habrá que dotarlos de teléfono ¿no?, y de iPad, y habrá que pagarles las dietas, y el transporte, y la compensación por vivienda... y luego está que les acompañen en los viajes internacionales, que son vuelos, hoteles...
No entiendo, pues, las críticas que ha recibido esta medida por parte de algunos sectores malintencionados, que la tachan de despilfarro, de privilegio, de burla al pueblo. ¿Qué quieren estos agoreros? ¿Qué nuestros diputados trabajen sin ayuda? ¿Qué se ahoguen en un mar de papeles? ¿Qué se pierdan en un laberinto de trámites? ¿Qué se quemen en un infierno de estrés? ¿Qué renuncien a su dignidad como representantes del pueblo?
No, amigos. No podemos permitir que se ataque así a nuestros diputados. Ellos son la esencia de nuestra democracia, la voz de nuestra ciudadanía, el orgullo de nuestra nación. Ellos se merecen un asistente cada uno, y mucho más. Ellos se merecen nuestro respeto, nuestra admiración, nuestra gratitud. Ellos se merecen todo nuestro apoyo.
Porque ellos son los mejores.