El terremoto que ha sacudido el norte de Marruecos ha dejado un saldo trágico de más de 2.000 fallecidos y miles de heridos y damnificados. Se trata de una catástrofe natural que ha golpeado a un país vecino y amigo, con el que compartimos una historia común y unos lazos culturales y humanos muy fuertes.
Desde Andalucía, sentimos una especial solidaridad con el pueblo marroquí, que en su Constitución reconoce el legado andaluz, algo lógico porque antes de existir como Estado, allí acabaron muchos andaluces tras la expulsión hecha por Felipe III en contra de lo dispuesto por los Reyes Católicos. Pero más allá de historia e historias, porque de Marruecos son la mayoría de los inmigrantes de Almería, que han venido a trabajar y a contribuir al desarrollo de nuestra tierra tanto como nosotros a su propio progreso personal, familiar y profesional (como tantos de aquí partieron a Cataluña, Madrid, Euskadi, Francia, Alemania, Argentina...).
Por eso, nos duele ver el sufrimiento y la desolación que ha causado el seísmo, que ha dejado sin hogar a miles de familias, que han perdido todo lo que tenían, que era muy poco. Casas de adobe, calles de tierra y polvorientas, infraestructuras precarias y deficientes... Todo ello evidencia la pobreza y el atraso que padece Marruecos, un país medieval en manos de un sátrapa opulento, que nunca está cuando se le necesita, porque siempre está de vacaciones, viviendo del dolor de su pueblo.
Mohamed VI llegó al trono en medio de grandes esperanzas, y lo sé porque me tocó vivirlo muy cerca, dirigiendo El Telegrama de Melilla. Los musulmanes con familiares al otro lado de la frontera me contaban lo esperanzados que estaban con que el joven rey modernizara el país, pero traicionó aquello. Es uno de los personajes más ricos del Mundo pero su pueblo se muere de hambre, huye en pateras, está carcomido por el integrismo que se abre hueco precisamente por eso... Ahora estaba al parecer en París, como casi siempre, dándose a la buena vida, y ha tardado en pronunciarse sobre el terremoto más que el Rey de España, Felipe VI.
Pero el rey está solo, por eso tiene que agitar el espantajo de Ceuta y Melilla, o del Sáhara, para unir al pueblo en una causa común, porque él ha sido incapaz de gestionar una transición a la democracia, y es que debe ser muy duro perder privilegios... pero bueno, Juan Carlos I lo hizo y tampoco le ha ido tan mal ¿no?
Marruecos necesita un cambio urgente y profundo, que le permita salir del subdesarrollo y la dependencia, que le garantice la libertad y los derechos humanos, que le abra las puertas al progreso y la cooperación. Marruecos necesita un rey que se preocupe por su pueblo y no por su fortuna personal. Marruecos necesita un rey que esté a la altura de las circunstancias y no se esconda tras las cortinas del palacio.
Marruecos es un país hermano y olvidado. Desde Andalucía debemos tenderle la mano como ya les ha trasladado el presidente Juanma Moreno, y ofrecerles nuestro apoyo incondicional, a pesar de que sigamos preguntándonos dónde acaba todo el dinero que en ayudas se les ha enviado durante tantas décadas, aunque nos preguntemos si tiene sentido enviar dinero a un país cuyo monarca despilfarra a manos llenas, cuyo monarca es amigo y aliado de los enemigos de los palestinos, cuyo monarca aprovecha el miedo al integrismo para encerrar y torturar a la oposición demócrata y a los activistas saharauis... en fin, que lo extraño es que el terremoto no haya sido social.