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Entrando por el aro
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(Foto: malasombra)

Entrando por el aro

Por Antonio Felipe Rubio
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afelipeafelipecom/7/7/15
miércoles 25 de octubre de 2023, 08:12h

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Poco a poco nos estamos dirigiendo hacia el fracaso de la inteligencia. Medio en broma, medio en serio, convengo en afirmar que una sociedad que es incapaz de administrarse en una rotonda está condenada a la extinción.

Los incesantes intentos en hacer realidad la distopía de Orwell ya ha llegado, y se instalan con notable éxito en una sociedad que se siente satisfecha al alcanzar las limitaciones impuestas por el miedo a transgredir los códigos de lo políticamente correcto. Son innumerables las tropelías infligidas al lenguaje (Orwell lo llamó “Neolenguaje”). Son delirantes los conceptos sexuales, que Julia -personaje del Departamento de Ficciones- exhibe como una entrega a las orientaciones y directrices del Partido del Pensamiento Único. Son incesantes los intentos para controlar la opinión, la libertad de expresión y la disidencia; clarísima coincidencia con el Ministerio de la Verdad orwelliano. Son muchísimas, demasiadas, las coincidencias con este escenario ¿imposible? Que describía Orwell en “1984”.

El adocenamiento de la sociedad está íntimamente ligado a las emociones dirigidas desde los nuevos códigos de conducta. La primera toma de contacto con la reeducación pastueña de los dictadorzuelos llamados “progresistas” se advierte en el lenguaje inclusivo: Ellos, ellas, elles; niños, niñas, niñes… Posteriormente, hay que hacer gala de campeones solidarios; en realidad, pánfilos y tontolhaba sin fronteras. Enseguida, escenificación de laicismo refractario a la tradicional cultura occidental. Exhibición de afectos y desafectos: afinidad y coincidencia intelectual con los herederos del terrorismo patrio y actores transfronterizos, que son aclamados como víctimas de ficticia opresión y genocidio. Y, cómo no, el cambio climático y sus incontables connotaciones medioambientales. Este es el marchamo irrenunciable de todo progresista que se precie.

Da igual que los afectos a la “calentura global” se informen y adquieran criterio propio, de hacerlo, no queda otra opción que seguir las pautas de comportamiento de la inmensa mayoría que, además, es la que manda, ordena, modula, manipula y te acojona con quitarte tu automóvil o no dejarte circular por donde ordenen. Te señalan como corruptor planetario por utilizar una bolsa de plástico, que no es tan delictuoso si la pagas en el súper y lleva el anagrama de Gilipollas Galácticos Unidos. Y ya no te digo si no reciclas. Tienes que reconvertir la despensa y media cocina en un almacén con recipientes multicolor, y planificar con antelación la oportuna distribución en los contenedores… para que llegue el camión y lo meta todo en el mismo sitio.

Estamos en ello. Vamos entrando por el aro. Y no hablo de otras latitudes. En Almería, ya se ha habilitado la ZBE (Zona de Bajas Emisiones). Esta chorrada no es una okurrencia del ayuntamiento, sino una imposición del gobierno socialcomunista para ir acostumbrando a la población a aceptar limitaciones, acotaciones y rediles que nos hagan sentir culpables de nuestra voracidad medioambiental, y la inmediata e incondicional disposición a aceptar las normas, las multas y la discrecionalidad de los gobernantes. Y así, ahora los árboles no se podan… se les corta las puntas, mascarilla, mechas y un cardado.

Dejar el perro atado a la puerta de la farmacia te cuesta el sueldo de siete meses. Decir lo que piensas, si no es atenido a la dictadura socialcomunista, es delito de odio y nosequéfobia. Y, aun así, hay quien les vota… y encantados de entrar por el aro.

Antonio Felipe Rubio

Periodista
Dirige La Tertulia en Interalmería TV