En el cortoplacismo en el que se desarrolla la existencia política de Pedro Sánchez y los suyos, entiendo que preguntarse por qué puede pasar pasado mañana, cuando el único afán es sobrevivir un día más —eso sí, con el objetivo claro de que esa es la vía para acabar la legislatura e incluso repetirla— supone un reto importante porque resulta ser una entelequia.
Es decir, que no hay una respuesta clara a esa pregunta. Sánchez se enfrenta a una compleja situación política, con el único objetivo de sobrevivir día a día y procurar acabar la legislatura con la esperanza de poder repetirla. Esto supone una gran incertidumbre, porque la situación es muy volátil y cambia de un día a otro. Por lo tanto, decir qué pasará mañana es una incógnita.
De este modo, mientras todo el mundo anda pendiente del número de delincuentes sexuales que salen a la calle gracias a la Ley Montero del “solo sí es sí”, a nadie escucho lamentarse de lo bajas que podrán ser las condenas de los nuevos encausados por estos comportamientos. Nos preocupan los excarcelados, pero no quienes tendrán penas reducidas cuando sean sentenciados.
Algo similar sucede con la derogación del delito de sedición, que andamos tan inmersos en que lo sucedido en Cataluña a raíz del intento de referéndum ilegal para la independencia podría volver a repetirse, porque no tendría más consideración que la de altercado público grave, con bajada importante de las posibles condenas, que los autores de la reforma no son capaces de valorar que eso mismo podría producirse de otro modo, y la ley, sería la misma.
Es decir, si un grupo de ultraderechistas, promovieran un referéndum ilegal contra el sistema autonómico, o por la ilegalización de partidos independentistas, si lo hiciesen tomando colegios, si en el transcurso del mismo se generaran enfrentamientos con las Fuerzas de Seguridad, si asaltaran algunas sedes instituciones… todo con el fin claro y concreto de subvertir el orden constitucional, pues eso, no sería sedición, sería gamberrismo, pero eso, al Gobierno actual no le importa.
Ellos rodearon el Congreso, y el Parlamento de Andalucía, cuando no les gustaron los resultados electorales, y esa acción ahora se queda prácticamente sin condena alguna, y la pregunta es qué pasará si Pedro Sánchez vuelve a ganar las generales y es la extrema derecha toma la cuesta de San Jerónimo o se aposta en la verja de La Moncloa… pues no pasará nada, porque carecen de perspectiva.
Afortunadamente, queda el delito de rebelión, más adecuado para lo que hemos visto en EEUU o en Brasil, que el de sedición como estaba contemplado antes, e incluso con la reforma actual. El problema radica en dejar demasiada manga ancha a la judicatura en la interpretación, porque lo de Cataluña podía ser rebelión cogido por los pelos, pero podía, o podía ser sedición, como finalmente se condenó, pero ¿y ahora? Pues ahora, algún juez o fiscal, podría ver escasamente consistente el nuevo tipo legal y mandarlo directamente a la rebelión. ¿En eso han pensado los legisladores?
Lo mismo ocurre con los llamados escraches, puestos de moda por Podemos antes de ser Podemos, y justificados por Podemos siendo Podemos. Ese “jarabe democrático” vio reducido su reproche penal porque había que salvar a algunos de sus promotores, sin caer en la cuenta que eso mismo les puede pasar a ellos, que puede haber unos cuantos ultras que se lo apliquen, y la Ley no podrá ser tan dura porque en el “sálveme yo”, abrieron la mano para todos.
Este Gobierno, y los partidos que le sostienen, carecen de perspectiva a la hora de legislar, y estoy convencido de que en el caso de su presidente, es que le da igual porque lo suyo es resistir como sea, con quién sea, y con lo que sea. Quienes le acompañan, es evidente que saben que no será fácil volver a tener en La Moncloa alguien tan falto de principios como Sánchez.