La Diócesis de Teruel ha anunciado el hallazgo de una pintura del artista barroco Antonio Bisquert, considerada perdida desde la Batalla de Teruel (1937-1938). La obra en cuestión es una tabla del retablo de la Santa Cruz, que originalmente se encontraba en la ya desaparecida iglesia de Santiago en Teruel. Este hallazgo se produjo en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación en Cuevas del Almanzora, Almería.
La pintura, que representa un descendimiento y mide 117 x 54 cm, fue identificada por el obispo de Almería, Antonio Gómez Cantero, quien anteriormente fue titular del Obispado de Teruel. Gómez Cantero, con su conocimiento profundo de la obra de Bisquert en la región, pudo reconocer la impronta del artista en esta pieza, que se había mantenido oculta durante décadas.
La iglesia de Santiago en Teruel fue destruida durante la Guerra Civil Española, y con ella, se pensó que muchas de sus obras de arte, incluyendo esta tabla, habían sido destruidas o perdidas para siempre. Sin embargo, esta pieza, aunque dañada por la metralla de los bombardeos, se conservó en un estado que permite su estudio y restauración.
Este descubrimiento es significativo no solo por el valor artístico de la obra, sino también por lo que representa en términos de la historia cultural y religiosa de Teruel. Antonio Bisquert, un pintor valenciano del siglo XVII, dejó una huella importante en la pintura religiosa de la región, y la recuperación de esta obra añade un capítulo nuevo y emocionante a su legado.
El Museo de Arte Sacro de Teruel, bajo la dirección de Pedro Luis Hernando, ha jugado un papel crucial en la investigación y autentificación de la obra, utilizando técnicas radiológicas para confirmar su autoría y estado. La pieza ha sido temporalmente cedida por la iglesia de la Encarnación de Cuevas del Almanzora para su estudio y exhibición en Teruel, donde se espera que pueda ser apreciada por el público y contribuir al conocimiento del arte barroco español.
ANTONIO BISQUERT
Antonio Bisquert, pintor barroco valenciano del siglo XVII, dejó una impronta significativa en la pintura religiosa, especialmente en Teruel, donde residió y trabajó desde 1620. Aquí se destacan algunas de sus otras obras conocidas:
- Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes (1628): Un retablo en la catedral de Teruel, elogiado por el abate Antonio Ponz como obra de "mucho mérito".
- Santa Teresa de Jesús: Una obra que se encuentra en el Museo Diocesano de Teruel, datada entre 1628 y 1631.
- Sagrada Familia: Esta pintura, de la misma época aproximadamente, se conserva en una colección particular.
- Historia de San Vicente: Un ciclo pictórico en la iglesia de San Gil Abad en Zaragoza, anteriormente atribuido a Jusepe Martínez.
- Retrato de Faustino Cortés y Sangüesa (1633): Situado en la basílica de San Lorenzo en Huesca.
- Retablo de San Agustín (1639): Localizado en el Museo Diocesano de Teruel.
- Buen Pastor: En la iglesia del Salvador de Teruel, de aproximadamente entre 1630 y 1639.
Además, su obra se caracteriza por un buen gusto en la representación de objetos cotidianos y detalles secundarios, lo que le ha valido reconocimiento por parte de historiadores del arte como Juan Agustín Ceán Bermúdez.
Estas obras reflejan su formación en la escuela de Francisco Ribalta y su actividad en la región de Aragón, donde desarrolló un estilo que combinaba la tradición pictórica valenciana con influencias locales.
BATALLA DE TERUEL
La Batalla de Teruel, librada entre diciembre de 1937 y febrero de 1938 durante la Guerra Civil Española, fue un conflicto brutal que simbolizó la dureza y la desesperación de aquellos años. Aunque Teruel no era un objetivo estratégico clave, su captura por parte de las fuerzas republicanas en diciembre de 1937 buscaba elevar la moral e interrumpir el avance fascista. Sin embargo, bajo un invierno cruel con temperaturas bajo cero y nevadas intensas, lo que comenzó como una victoria republicana se convirtió en una sangrienta lucha casa por casa.
Los sublevados, liderados por Franco, no tardaron en responder con fuerza, lanzando una contraofensiva que recuperó la ciudad en febrero de 1938. Esta batalla no solo fue una prueba de resistencia y sufrimiento humano, con miles de bajas debido al frío y la falta de suministros, sino que también marcó un desgaste importante para ambos bandos. Aunque la victoria cayó del lado franquista, la Batalla de Teruel no alteró decisivamente el curso de la guerra, pero sí dejó una huella indeleble en la memoria de los combatientes y en la historia del conflicto, mostrando el coste humano de la lucha por cada metro de terreno.