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La isla, Murgi y el voluntariado
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La isla, Murgi y el voluntariado

Por Moises Palmero Aranda
lunes 15 de julio de 2024, 09:22h

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Hemos descubierto la isla sumergida de la Punta de las Sentinas o del Centinela. Bueno, descubrir, tampoco es que sea el verbo más acertado, es todo más prosaico, pero muy emocionante.

No es que estuviese perdida, solo olvidada, como tantos otros enclaves que podrían demostrarnos esa historia que intuimos, pero que la falta de interés, y sobre todo de financiación, nos ha impedido dedicarle el tiempo y los recursos que se merecen.

Todos sabíamos dónde estaba, porque los mapas la reflejan sin ningún tipo de dudas; historiadores de la zona tienen información de ella; y muchos vecinos, sin saber por dónde lo hacían, han buceado y paseado por allí, aunque sea con el agua al cuello.

Con los itinerarios que la Concejalía de Turismo está realizando para aprender a mirar la naturaleza de El Ejido, hemos tenido la suerte de navegar por la costa de Punta Entinas y, gracias a Jesús Corzo de Buceo Andalucía, ir a conocer el islote.

Mientras interpretábamos el paisaje, y admirábamos las posidonias, vislumbramos dos líneas de piedras que bien podrían delimitar un camino, los muros de unas piletas de salazón o, vete tú a saber, de un templo dedicado a Poseidón. Imaginación no nos falta.

Nos hemos propuesto acercarnos a bucear y grabar lo que veamos, a ver si damos con algo que pueda despertar el entusiasmo colectivo, e ir añadiendo páginas, y atractivo, a la historia de Punta Entinas y por consiguiente, a nuestro municipio.

Evidencias de la utilización de la costa las hay con la aparición de los concheros, del aprovechamiento de los charcones para la extracción de sal, la presencia cercana de los puertos de Turaniana y Guardias Viejas, de pecios hundidos y la cantidad de restos de vasijas. Así que no es difícil intuir que en ese islote los romanos hiciesen algunas construcciones para salazones, el garum o la púrpura, o simplemente para fondearse mientras pescaban sobre las productivas praderas de Posidonia. Quizás lo que en los mapas aparece como una isla, estuviese conectada a tierra y fuese una pequeña península. Incógnitas que propongo responderme preguntando a los que le han dedicado algunas horas al tema.

Ante mi interés, ha surgido un debate interesante. Resulta que muchos están encantados de saber qué encontraremos por allí y a echar una mano si hace falta, pero otros, los profesionales, nos advierten de que eso no puede hacerlo cualquiera, que hay que hacerlo utilizando el método científico y cumpliendo a rajatabla las leyes para la protección del patrimonio y evitar el espolio.

Algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, pero que choca con la realidad de la falta de financiación, que, al fin y al cabo, es el motivo principal por el que no se llevan a cabo muchas actuaciones de recuperación de nuestro patrimonio.

En los mismos días en los que encontramos la isla, el alcalde de El Ejido, en el tercer aniversario de la restauración de los Lavaderos del Pozo del Alcalde, que de forma voluntaria realizó la Asociación Ángel Aguilera Alférez, dio la mala noticia, de que la financiación europea con la que se está excavando la ciudad de Murgi, no ha sido renovada, y que desde el ayuntamiento se plantean la posibilidad de seguir con los trabajos con la ayuda de voluntarios.

Decisión muy acertada, estimulante y que puede hacer que la ciudadanía se implique activamente en el proyecto de recuperación y en el de difusión de nuestra historia.

Trabajar con voluntarios, no significa hacerlo sin rigor científico, ni como algunos dicen, para ahorrarse la mano de obra, porque el voluntariado también está regulado por ley, y los voluntarios tienen una serie de derechos, deberes y obligaciones.

El voluntariado debe estar basado en unos principios básicos para que sea transformador, útil y solidario. Debe ser constante y sistemático, estar planificado y programado, y a los voluntarios, que participan de forma libre, altruista, asociada y activamente, hay que formarlos, asegurarlos, y garantizarle los gastos que le genere su tarea, para que estas se hagan de acuerdo, escrupulosamente, a las necesidades técnicas.

No es nada nuevo, se hace en muchos yacimientos arqueológicos. Esta semana ha salido la convocatoria para las excavaciones que se realizarán en septiembre en Los Millares. Los únicos requisitos, ganas e ilusión por sacar a la luz esos secretos que nos ayudarán a entender los cambios que se han producido en nuestras sociedades y en el territorio.

Este verano me entretendré en bucear en la isla de la Punta de las Sentinas, y cuando empiecen las excavaciones voluntarias de Murgi, me muero de ganas, me apuntaré para lo que haga falta.

Moises Palmero Aranda

Natural de El Ejido, Almería. Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad de Almería. Desarrolla su trabajo en el mundo de la Educación Ambiental desde la Asociación El árbol de las piruletas, donde ha utilizado la literatura como una herramienta más de sensibilización. Es autor y narrador de cuentos infantiles, entre los que destaca El árbol de las Piruletas y Un delfín entre las estrellas (próxima publicación) Secretos en el Sendero, nueve relatos de misterio donde se mezcla literatura, senderismo y geocaching, es su primera publicación en solitario. 32 motivos para no dormir; Pasos en la oscuridad; Taller de cuentos; 12 caricias; 13 muertes sin piedad; Ángel de nieve; Ulises en la isla de Wight; Crímenes callejeros; El oasis de los miedos; Letras para el camino, El mar, la mar, Relatos Velezanos V son algunas antologías donde aparecen sus relatos. Colabora en Candil Radio con los programas “La mirada del delfín viajero” y “Letras de Esparto”. En radio UAL dirige y presenta el programa de entrevistas Radio Ecocampus. También ha hecho sus pinitos en el mundo del cortometraje con El hombre y la flor. Otra oportunidad y su guión “Residuos” fue el ganador del I Concurso de guiones para cortometrajes “Carboneras Literaria”. Socio fundador de la Asociación Literaria y Cultural Letras de Esparto.