La primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, ha sido derrotada en las elecciones generales celebradas el pasado domingo, tras cuatro años de gobierno marcados por la crisis económica y sanitaria provocada por la pandemia de covid-19. Marin, del Partido Socialdemócrata, ha obtenido el 18% de los votos, frente al 23% del Partido de la Coalición Nacional, liderado por Petteri Orpo, que será el encargado de formar el nuevo gobierno.
¿Qué ha llevado al descalabro de Marin, que en 2019 se convirtió en la primera ministra más joven del mundo y en una de las líderes más populares de Europa? Según los analistas, varios factores han influido en el resultado electoral, entre ellos:
- La gestión de la pandemia. Aunque Finlandia ha sido uno de los países menos afectados por el coronavirus, con una tasa de mortalidad de 188 por cada millón de habitantes, el gobierno de Marin ha sido criticado por su falta de transparencia y coordinación con las autoridades regionales y sanitarias. Además, la campaña de vacunación ha sido lenta y desigual, lo que ha generado frustración entre la población.
- La política económica. El gobierno de Marin ha aplicado una política de austeridad para reducir el déficit y la deuda pública, que se han disparado por los gastos extraordinarios derivados de la pandemia. Según el Fondo Monetario Internacional, el déficit público finlandés alcanzó el 7% del PIB en 2022, y la deuda pública superó el 70%. Estas medidas han afectado negativamente al estado del bienestar y a los servicios públicos, especialmente en las áreas rurales y envejecidas del país.
- La división interna. El Partido Socialdemócrata ha sufrido varias escisiones y dimisiones durante el mandato de Marin, debido a las discrepancias sobre la agenda política y social del gobierno. Algunos sectores del partido han acusado a Marin de ser demasiado moderada y pragmática, y de ceder ante las presiones de sus socios de coalición, como el Partido Verde o el Partido del Centro. Otros han criticado su falta de liderazgo y carisma.
El triunfo de Orpo supone un giro a la derecha en la política finlandesa, que podría tener consecuencias tanto a nivel interno como externo. Orpo ha prometido impulsar la reactivación económica mediante la bajada de impuestos, la flexibilización laboral y la inversión en innovación y digitalización. También ha defendido una mayor integración europea y una posición firme frente a Rusia y China.
Sin embargo, Orpo tendrá que enfrentarse a varios retos para formar y mantener un gobierno estable, ya que ningún partido ha obtenido la mayoría absoluta en el parlamento. Entre ellos, destacan la fragmentación del espectro político, el auge de los partidos populistas y nacionalistas, y las demandas sociales y medioambientales de una sociedad cada vez más diversa y exigente.