La reciente firma del acuerdo entre Junts y el PSOE para la investidura de Pedro Sánchez ha desatado una polémica de proporciones notables. En el epicentro de las críticas se encuentra la inclusión de un punto que ha generado inquietud no solo entre la comunidad jurídica, sino también en la sociedad en general: el "lawfare".
La unanimidad expresada por todas las asociaciones de jueces y fiscales, tanto las conservadoras como las progresistas, al rechazar la creación de comisiones parlamentarias de investigación sobre las actuaciones judiciales relacionadas con el independentismo catalán, es un indicador claro de la preocupación que ha generado este acuerdo. Este rechazo conjunto refleja la percepción compartida de que la judicialización de la política podría resultar perjudicial para la independencia del poder judicial y la imparcialidad de sus actuaciones.
La inclusión del término "lawfare" en el acuerdo ha despertado inquietud entre los juristas. Este concepto, que hace referencia al uso de los procedimientos judiciales con fines de persecución política, sugiere la posibilidad de que las comisiones parlamentarias se conviertan en instrumentos de caza de brujas, con consecuencias legales para aquellos que hayan participado en lo que se considere "lawfare". La perspectiva de que las actuaciones judiciales sean sometidas a un escrutinio político podría socavar la confianza en el sistema judicial y alimentar la percepción de que la justicia está siendo instrumentalizada para fines partidistas.
La rectificación por parte del PSOE, que se desdice de la literalidad del acuerdo sobre el "lawfare" horas después de su firma con Junts, añade un matiz de incertidumbre a la situación. ¿Fue un error de redacción o un intento de suavizar una cláusula que generó rechazo inmediato? Sea cual sea la razón, esta rectificación plantea dudas sobre la coherencia y la transparencia en la elaboración de acuerdos políticos de esta envergadura.
La inclusión de cláusulas relacionadas con la persecución política en acuerdos de investidura no es nueva en la escena política internacional. Sin embargo, su introducción en el contexto español, donde la independencia judicial ha sido históricamente un pilar fundamental, suscita preocupaciones legítimas sobre la salud de la democracia y el respeto al Estado de Derecho.
En este sentido, es crucial que los actores políticos reflexionen sobre la importancia de preservar la integridad del sistema judicial y evitar que este se convierta en un instrumento al servicio de intereses partidistas. La independencia de la justicia es esencial para el correcto funcionamiento de una democracia y para garantizar que los ciudadanos tengan confianza en las instituciones.
El acuerdo entre Junts y el PSOE para la investidura de Pedro Sánchez ha generado una inquietud legítima en el ámbito judicial. La inclusión de elementos relacionados con el "lawfare" plantea preguntas fundamentales sobre la separación de poderes y la preservación de la independencia judicial. Es responsabilidad de todos los actores políticos abordar estas preocupaciones de manera seria y reflexiva, asegurando que cualquier medida adoptada no comprometa los principios fundamentales de la democracia y el Estado de Derecho en España.