El ciclo de siete conciertos ‘Primavera en las Almadrabillas’ dio anoche su penúltimo paso con el esperado concierto de Loquillo, que regresó a Almería en el marco de su gira ‘El Rey’, con la que ofrece una segunda tanda de conciertos por todo el país tras una primera parte dedicada a presentar los temas de su último trabajo discográfico de estudio, ‘Diario de una tregua’. Recogió así el testigo de sus predecesores, Fondo Flamenco, Cinco Estaciones (antigua La Quinta Estación) Tamara Jerez, José Mercé y Lola Índigo, dejando que hoy cierre el septeto el concierto de la Orquesta Ciudad de Almería (OCAL) que, acompañado de barítono, tenor y cinco corales, clausurará el ciclo con ‘Carmina Burana’.
Siete propuestas bien diferentes que ha permitido que los aledaños del Cable Inglés se llene de todo tipo de públicos, todo ello en el marco de la programación de primavera del Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería.
Para más bien que mal, Loquillo sigue siendo esa ‘rock and roll star’ a la que canta en una de sus canciones más celebradas, un papel que ha mantenido vigente durante más de cuarenta años, permitiéndose en esas cuatro décadas alguna ‘bajada de pistón’ cercana a la canción de autor y de tintes poéticos, pero siempre con un instinto de supervivencia que le ha hecho siempre reflotar cuando los agoreros dan por cumplida aquella falsaria expresión de que ‘el rock está muerto’.
Acompañado por una banda que está a la altura, nunca mejor dicho, de su legendaria figura, formada por Igor Paskual, Iosu García y Pablo Pérez en las guitarras, Laurent Castagnet en la batería, Alfonso Alcalá al bajo y Jorge Rebenaque a pianos y teclados, Loquillo hizo anoche lo que mejor sabe, que es defender con elegancia y prestancia un repertorio que se mueve con sorprendente facilidad entre los nuevos temas que ganan hechuras hímnicas a una velocidad vertiginosa y una infalible colección de clásicos que fueron celebrados con la pasión esperada.
Hasta siete temas de sus dos últimas entregas desde el estudio convivieron en un ciclónico concierto que mantuvo el listón de la adrenalina y la intensidad en niveles inalcanzables para muchos. “Los Buscadores”, “La Libertad”, “Creo En Mí”, “Sonríe”, que destacó en su calorífico tratamiento de teclas, “El Último Clásico”, “La Vampiresa del Raval” y “El Rey” presentan textos de definición identitaria, cimentados en un fraseo bien hilvanado, estribillos rotundos y sencillos y una solvencia descomunal de guitarras a cargo de la experiencia de Iosu García, la pasión voraz de Igor Paskual y el punto más aguerrido de Pablo Pérez. Mención especial a la energía que aporta Alfonso Alcalá desde el bajo, la discreción de los arreglos de teclas y pianos de Jorge Rebenaque y un Laurent Castagnet que desborda elegancia en cada uno de sus golpeos de batería.
También van madurando y ganando poso temas como “Línea Clara”, “Sol”, “Planeta Rock”, “La Edad De Oro”, “Salud y Rock and Roll”, con bien de acordeón, o ese “Cruzando El Paraíso”, siempre dedicado al rockero francés Johnny Halliday, referente indiscutible para ‘el Loco’ y su banda. Con el ambiente caldeado y tras uno de los cambios de chaqueta de Loquillo, hasta cuatro durante la velada, llegarían “El Hombre de Negro”, versión del tema de Johnny Cash, y “El Rompeolas”, con buen pedal steel de Pablo Pérez, que terminó de incendiar gargantas.
Tras hacer gala de ser “El Último Clásico”, Loquillo se lanzó al encuentro del público bajando al foso y saludando uno por uno a todos los seguidores de las primeras filas mientras descerrajaba el grupo una revisión, siempre cruenta, de “Carne Para Linda”, que arrancó con un riff evocador del ‘I Feel You’ a cargo de un Igor Paskual, amante del punk estiloso y de la elegancia glamurosa, se enfundó una boa de plumas roja para “El Rey del Glam”, que sirvió de primera despedida.
No habría que esperar mucho para el regreso del grupo, que retomaría con “Rock and Roll Actitud”, canción que ha abierto durante muchos años los conciertos del grupo. Tras dejar claro que en directo funciona mucho mejor que en estudio, “La Vampiresa del Raval” y “El Rey” acercaron la actuación a una escalada final de disfrute creciente. La historia de ficción de “La Mataré”, preludiada por un solo de bajo castizo siguiendo la melodía de la copla “Ojos Verdes”, el coreable estribillo de “El Ritmo del Garaje”, el rock and roll enérgico de “Feo, Fuerte y Formal”, la cadencia embaucadora de “Rock & Roll Star” y, cómo no, la balada rockera desgarrada de “Cadillac Solitario” pusieron el repóker de ases sobre la mesa para terminar de vencer una partida que estaba ganada antes de repartir las cartas.
Antes de los dos últimos temas, Loquillo decidió romper su habitual silencio en el escenario, “creo que en el escenario hay que cantar y punto, las que hablan son las canciones”, para salir al paso de esa ‘bola de nieve’ generada por haber revelado que tiene una dolencia en el cuello de la que no quiere tratarse. “No se puede hablar gratuitamente de la palabra cáncer, que es una plaga que se está llevando a tanta gente, en especial el cáncer de mama. Que se callen la boca, por respeto no ya a mí, sino a mi compañeraLoquillo ejerce con maestría su condición de estrella del rock en un concierto equilibrado entre nuevos himnos y viejos clásicos
El legendario artista y su banda conquistaron al público del Parque de las Almadrabillas con una actuación repleta de entrega por contentar
El ciclo de siete conciertos ‘Primavera en las Almadrabillas’ dio anoche su penúltimo paso con el esperado concierto de Loquillo, que regresó a Almería en el marco de su gira ‘El Rey’, con la que ofrece una segunda tanda de conciertos por todo el país tras una primera parte dedicada a presentar los temas de su último trabajo discográfico de estudio, ‘Diario de una tregua’. Recogió así el testigo de sus predecesores, Fondo Flamenco, Cinco Estaciones (antigua La Quinta Estación) Tamara Jerez, José Mercé y Lola Índigo, dejando que hoy cierre el septeto el concierto de la Orquesta Ciudad de Almería (OCAL) que, acompañado de barítono, tenor y cinco corales, clausurará el ciclo con ‘Carmina Burana’.
Siete propuestas bien diferentes que ha permitido que los aledaños del Cable Inglés se llene de todo tipo de públicos, todo ello en el marco de la programación de primavera del Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería.
Para más bien que mal, Loquillo sigue siendo esa ‘rock and roll star’ a la que canta en una de sus canciones más celebradas, un papel que ha mantenido vigente durante más de cuarenta años, permitiéndose en esas cuatro décadas alguna ‘bajada de pistón’ cercana a la canción de autor y de tintes poéticos, pero siempre con un instinto de supervivencia que le ha hecho siempre reflotar cuando los agoreros dan por cumplida aquella falsaria expresión de que ‘el rock está muerto’.
Acompañado por una banda que está a la altura, nunca mejor dicho, de su legendaria figura, formada por Igor Paskual, Iosu García y Pablo Pérez en las guitarras, Laurent Castagnet en la batería, Alfonso Alcalá al bajo y Jorge Rebenaque a pianos y teclados, Loquillo hizo anoche lo que mejor sabe, que es defender con elegancia y prestancia un repertorio que se mueve con sorprendente facilidad entre los nuevos temas que ganan hechuras hímnicas a una velocidad vertiginosa y una infalible colección de clásicos que fueron celebrados con la pasión esperada.
Hasta siete temas de sus dos últimas entregas desde el estudio convivieron en un ciclónico concierto que mantuvo el listón de la adrenalina y la intensidad en niveles inalcanzables para muchos. “Los Buscadores”, “La Libertad”, “Creo En Mí”, “Sonríe”, que destacó en su calorífico tratamiento de teclas, “El Último Clásico”, “La Vampiresa del Raval” y “El Rey” presentan textos de definición identitaria, cimentados en un fraseo bien hilvanado, estribillos rotundos y sencillos y una solvencia descomunal de guitarras a cargo de la experiencia de Iosu García, la pasión voraz de Igor Paskual y el punto más aguerrido de Pablo Pérez. Mención especial a la energía que aporta Alfonso Alcalá desde el bajo, la discreción de los arreglos de teclas y pianos de Jorge Rebenaque y un Laurent Castagnet que desborda elegancia en cada uno de sus golpeos de batería.
También van madurando y ganando poso temas como “Línea Clara”, “Sol”, “Planeta Rock”, “La Edad De Oro”, “Salud y Rock and Roll”, con bien de acordeón, o ese “Cruzando El Paraíso”, siempre dedicado al rockero francés Johnny Halliday, referente indiscutible para ‘el Loco’ y su banda. Con el ambiente caldeado y tras uno de los cambios de chaqueta de Loquillo, hasta cuatro durante la velada, llegarían “El Hombre de Negro”, versión del tema de Johnny Cash, y “El Rompeolas”, con buen pedal steel de Pablo Pérez, que terminó de incendiar gargantas.
Tras hacer gala de ser “El Último Clásico”, Loquillo se lanzó al encuentro del público bajando al foso y saludando uno por uno a todos los seguidores de las primeras filas mientras descerrajaba el grupo una revisión, siempre cruenta, de “Carne Para Linda”, que arrancó con un riff evocador del ‘I Feel You’ a cargo de un Igor Paskual, amante del punk estiloso y de la elegancia glamurosa, se enfundó una boa de plumas roja para “El Rey del Glam”, que sirvió de primera despedida.
No habría que esperar mucho para el regreso del grupo, que retomaría con “Rock and Roll Actitud”, canción que ha abierto durante muchos años los conciertos del grupo. Tras dejar claro que en directo funciona mucho mejor que en estudio, “La Vampiresa del Raval” y “El Rey” acercaron la actuación a una escalada final de disfrute creciente. La historia de ficción de “La Mataré”, preludiada por un solo de bajo castizo siguiendo la melodía de la copla “Ojos Verdes”, el coreable estribillo de “El Ritmo del Garaje”, el rock and roll enérgico de “Feo, Fuerte y Formal”, la cadencia embaucadora de “Rock & Roll Star” y, cómo no, la balada rockera desgarrada de “Cadillac Solitario” pusieron el repóker de ases sobre la mesa para terminar de vencer una partida que estaba ganada antes de repartir las cartas.
Antes de los dos últimos temas, Loquillo decidió romper su habitual silencio en el escenario, “creo que en el escenario hay que cantar y punto, las que hablan son las canciones”, para salir al paso de esa ‘bola de nieve’ generada por haber revelado que tiene una dolencia en el cuello de la que no quiere tratarse. “No se puede hablar gratuitamente de la palabra cáncer, que es una plaga que se está llevando a tanta gente, en especial el cáncer de mama. Que se callen la boca, por respeto no ya a mí, sino a mi compañera y a todas las mujeres”.
Con el sonido de “Hungry heart” de Bruce Springsteen sonando en el recinto, Loquillo y su sexteto de músicos recibieron las últimas ovaciones agradecidas del público asistente, que acabó, sin lugar a dudas, de lo más satisfecho.y a todas las mujeres”.
Con el sonido de “Hungry heart” de Bruce Springsteen sonando en el recinto, Loquillo y su sexteto de músicos recibieron las últimas ovaciones agradecidas del público asistente, que acabó, sin lugar a dudas, de lo más satisfecho.