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José Antonio González: “Las fronteras provinciales que trazó Javier de Burgos son muy discutibles”
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(Foto: Antonio Gallego Roca)

José Antonio González: “Las fronteras provinciales que trazó Javier de Burgos son muy discutibles”

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El catedrático de Antropología Social de la Universidad de Granada publica un libro sobre “Al Ándalus y lo andaluz” en el que dedica un capítulo a Almería, a su orientalismo alejado de la idealización “alhambrista”

“Cuando Almería era Almería, Granada era su alquería” es una frase que, a juicio del autor de “Al Ándalus y lo andaluz” (Almuzara, 2017), el profesor José Antonio González Alcantud , resume muy bien la rivalidad histórica entre las dos ciudades andaluzas.

El nuevo libro de González Alcantud aborda en sus 400 páginas lo que ha quedado en el imaginario colectivo de al Ándalus, y cuál ha sido su influencia en distintos niveles en Andalucía, tanto en cómo se ve a sí misma y cómo es percibida desde fuera. En su publicación, el último de una trilogía que empezó en 2002 con “Lo moro. Las lógicas de la derrota y la formación del estereotipo islámico” (Anthropos), y siguió diez años después con “El mito de al Ándalus. Orígenes y actualidad de un ideal cultural” (Almuzara), aparece el capítulo XII bajo el título “Almería, tierra fértil de orientalismo disidentes”.

Profundo conocedor de los islámico y lo andalusí, granadino pero que en su calidad de profesor de instituto residió en Almería, asegura que esta ciudad representa “un orientalismo nada fácil, del desierto, alejado del “alhambrismo”. Así, contrapone la Almería de Francisco Villaespesa “que llega al kitsch” en esa visión del orientalismo idealizado en la Alhambra, con la de Juan Goytisolo y la Chanca “que es un orientalismo pobre, que frente a la seducción del agua, enfatiza el paisaje desértico”.

Esas dos visiones le “sedujeron”, por lo que se puso a indagar, hasta encontrar que el orientalismo almeriense “está marcado por el antialhambrismo, para separar su imagen de la del Reino de Granada”. Esa “rivalidad” la considera “natural”, ya que “Andalucía es un conjunto de ciudades de tipo medio, y sólo muy recientemente han destacado dos, Sevilla y Málaga, en cuanto a su dimensión poblacional demográfica”, lo que ha conllevado a una “rivalidad histórica, de toda la vida”.

De esta forma recoge que “la rivalidad entre Sevilla y Granada no es de ahora, lo fue en época musulmana también, y eso lo veríamos como natural, y Almería ha buscado marcar sus diferencias con la arrogante Granada, lo mismo que Granada con Málaga o Sevilla”.

Pero el hecho de que las ciudades tengan tanto peso en Andalucía, y que exista rivalidad entre ellas “yo no lo veo como un problema, como en ciertos momento lo han visto algunos políticos, yo veo como una riqueza la rivalidad, recordemos los reinos de taifas, eran muy brillantes, y eran reinos pequeñitos… si la gente rivaliza por ser unos mejores que los otros, me parece fantástico".

Respecto a la división provincial que organiza el motrileño Javier de Burgos y que dura hasta nuestros días, González Alcantud sostiene que tenía por objeto principal era racionalizar la recaudación de impuestos. Lo cierto es que desde ese momento, la Andalucía como “red de ciudades medias” que venía siendo desde tiempos pretéritos, desaparece para ver nacer las provincias que parten comarcas naturales. “Las fronteras que trazó, como en muchos casos, son muy discutibles, y es evidente que dividió la Alpujarra, o que el norte de Granada o de Almería tienen más que ver con Murcia, pero 180 años después de estas divisiones territoriales están ya naturalizadas y aceptadas”, resume el catedrático, por lo que estas divisiones territoriales no podría considerarse que respondan a criterios de identidad cultural o de tradiciones.

En el libro también se toca la figura de Yuder Pachá, “un señor que al principio no se sabía de donde era, y del que habló Ortega y Gasset en un artículo”, fue el primero que habló de “los españoles –él no hablaba de andaluces porque es sabido que era castellano enraizado en Galicia- en la curva del Níger”. A finales de los años 80, la Universidad de Granada puso en marcha una expedición a Tombuctú, donde se constató la presencia de una tribu de andaluces a los que llevaban “los arma, precisamente porque llevaban armas”, y en su momento conquistaron la zona para el sultán de Marraquech. Finalmente, este “héroe fundacional” resultó ser de Cuevas del Almanzora, almeriense y andaluz.

Esta facilidad de tránsito entre las dos orillas del Mediterráneo es “lo normal” por lo que las relaciones eran constantes, “era la ruta de la sal, la del oro, la de los esclavos, del intercambio comercial…” y así no solo es el caso de Yuder Pachá, es también León el Africano, o Ib Jaldún, entre otros, hasta la llegada de Carlos V. Luego –dice- se crearon fronteras “que colocan a esto como extraordinario, cuando de extraordinario tenía poco”.

Lo cierto es que ningún escolar, ni de Almería, ni del resto de Andalucía, sabe quién fueron ninguno de los anteriormente mencionados, y en todo caso los reconoce como algo ajeno. En ese mismo sentido, el profesor pone de ejemplo el caso de Averroes, que “para los estudiantes de instituto es solo un nombre, cuando su filosofía estaría al nivel de los grandes autores y se tendría que conocer”. Su tesis de que la razón está al mismo nivel de la fé, “como comprenderá, dicho por un musulmán es completamente herético en el mundo contemporáneo con los islamismos a la orden del día, y sin embargo Averroes, esta figura importantísima no se estudia en Filosofía, o Ibn Tufayl, vinculado a Almería”.

Señala que las aportaciones andalusíes no se estudian casi nada en cuanto al pensamiento, mientras que en historia si se toca un poco “aunque visto con esa rejilla de que al Ándalus fue un hecho anómalo en la historia española”. En su opinión debería estudiarse como un “hecho autóctono, ibérico” pero no se hace.

Otro ejemplo en esa misma línea es hablar de “arte hispano-musulmán, que es algo que nos enorgullece, pero que tampoco es cierto”. “Es un arte que se origina en el norte de África, pero reconocer eso supone invertir la escala de los valores, reconocer que hemos sido interdependientes con el norte de África”.

Concluye diciendo que en su opinión, lo que se estudia de al Andalus “se estudia desvirtuado, como si no fuera historia española” lo que conduce a que los escolares se lleven una impresión de que “lo moro fue algo fantástico, fuera de nuestro mundo, y que no tiene nada que ver con nosotros”.

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