Ha comenzado oficialmente la campaña electoral del 23J y la vicepresidenta y líder de Sumar, Yolanda Díaz, sigue sin dar explicaciones de por qué no quería a Irene Montero en su candidatura. La ministra de Igualdad, que se tragó el sapo de su exclusión, se ha quedado sin saber por qué su amiga y aliada la ha dejado fuera. Ella, y de paso todos los demás.
¿Qué razones tuvo Yolanda Díaz para no contar con Irene Montero en sus listas? ¿Es que no valora su trabajo al frente de Igualdad? ¿O es que se ha dado cuenta de que Montero es un lastre para su proyecto político, como señalan muchas encuestas y analistas? Pues va a ser eso, creo.
Quienes creemos que la actuación de Montero ha sido lamentable, por decir algo suave, lo comprendemos. No nos gustaría tenerla ni como presidenta de la comunidad de vecinos. Pero quienes, como la propia Yolanda Díaz, la han apoyado a muerte de modo constante públicamente, avalando incluso la controvertida Ley del Solo Sí es Sí, le deben una explicación.
Yolanda Díaz, de paso, nos debe una explicación a todos, pero parece que no tiene ganas de darla. Lejos del compromiso ético don Pablo, el alcalde de Villar del Río, escenario de la mítica obra berlanguiana "Bienvenido Mr. Marshall", que decía al pueblo "os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar", Yolanda Díaz sigue siendo una deudora. Una deudora con todos los que hemos sostenido económicamente el gobierno en el que ambas han estado y están, pero de modo especial con quienes les votaron y con quienes piensan en votarles.
¿Qué les contará Yolanda Díaz a esos votantes? ¿Les dirá que confíen en ella ciegamente o serán purgados? ¿Les dirá que Irene Montero es una gran ministra pero una pésima candidata? ¿Les dirá que todo es parte de un plan para conseguir más votos entre quienes se oponian a los desvaríos de la gestión que ella defendía en cualquier declaración pública? ¿Por qué calla la candidata?
Sea lo que sea, esperamos que Yolanda Díaz nos dé una explicación en algún momento. Porque si no lo hace, puede que muchos ciudadanos le den calabazas en las urnas interpretando que es una mujer de caprichos, y que éstos caprichos no están solo en su armario ropero. Y entonces, quizás sea demasiado tarde para pedir clemencia.