Después de meses de negociaciones, de idas y venidas, de declaraciones altisonantes y de gestos teatrales, el PSOE y Sumar han llegado por fin a un acuerdo para la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Un acuerdo que, según ellos, supone un cambio histórico y una oportunidad para avanzar en la justicia social, la igualdad y la sostenibilidad. La primera pregunta que surge es por qué tanta teatralidad en el acuerdo entre dos socios que ya lo han sido durante cuatro años, y es que todo huele a que ante la falta de apoyos confirmados más allá de Bildu, Sánchez necesitaba vender algo a la audiencia.
Lo primero que llama la atención es que para este viaje no hacían falta alforjas. El pacto entre el PSOE y Sumar estaba cantado desde el principio. No hacía falta darle tantas vueltas ni tanta escenificación. Podrían haber ahorrado tiempo y energía en cerrar un acuerdo más rápido y más sólido, en lugar de marear la perdiz con sus diferencias y sus matices. Más que nada porque si Sánchez está dispuesto a aceptar todo lo que le piden los independentistas, con más razón estaría dispuesto a aceptar todo lo que le piden desde Sumar.
En cuanto a los contenidos del pacto, lo que más ha trascendido es la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales, una medida que supuestamente favorecerá la conciliación, la productividad y el empleo. Pero no se dice para quién será esta reducción. No se cuenta que muchos funcionarios ya tienen jornada de 35 horas semanales, lo que explica en gran medida ue ciertas administraciones sufran un colapso cada vez mayor, ya que no aumentan el personal, y si lo hacen es con laborales, que tienen otras condiciones.
Seguramente también se aplique en las grandes empresas, pero no podrá hacerse en las pequeñas -que son el 95% de las que hay en el estado español, y más concretamente en Andalucía- abocadas a la precariedad laboral de los empleados o al cierre, y por tanto al paro. Y ¿los autónomos? ¿Qué será de nosotros? Nosotros, que somos la inmensa mayoría, tendremos que trabajar más, para pagar cada vez impuestos más altos para cubrir los sueldos de los cada vez más funcionarios y empleados públicos con menos horas, y los subsidios de los cada vez más parados.
Todavía no han logrado comprender que si en Europa del norte las jornadas son más reducidas es porque son más productivos, que nosotros echamos más horas en el tajo, pero no rendimos lo mismo. Lo primero debía ser mejorar la productividad, y luego reducir la jornada paulatinamente.
Incluso no se les ha ocurrido dejar libertad para que las empresas puedan ofrecer a los trabajadores y los empresarios la posibilidad de ponerse de acuerdo, que para eso está la Mesa del Diálogo Social, con sindicatos, patronal y gobierno.
Y a todo esto, ¿qué dicen los cinco de Podemos que pueden aguarle el acuerdo de investidura, y que quieren ministerios para Irene Montero e Ione Belarra? Pues basta echar un vistazo al periódico del marido de Irene Montero, y la viñeta en la que Pedro Sánchez invita a entrar a su despacho a Yolanda Díaz seguida de Irene Montero, pero... cierra de un portazo antes de que lo haga la ministra de Iguladad. También se puede leer el editorial que por razones obvias debe haber escrito el propio Pablo Iglesias. Muy contentos no se les ve, y ojo, son suficientes como para amargarle la Navidad a Yolanda y Pedro.
En definitiva, el pacto PSOE-Sumar está vacío, porque hace propuestas que no están en su mano, como la eliminar los vuelos de media distancia ¡qué será de Almería que no tiene ni tren! o acabar con la "Ley Mordaza" después de cuatro años usándola cuando les ha parecido conveniente, o no detalla una propuesta de financiación autonómica, o no habla de asuntos clave ahora mismo en el panorama político, como la amnistía, la independencia, o tan siquiera la configuración territorial del Estado.
Es pacto que no responde a las necesidades reales de la gente, que no ofrece soluciones concretas ni viables a los problemas del país, que no cuenta con el apoyo suficiente ni el consenso necesario para gobernar con estabilidad y eficacia. Un pacto que solo beneficia a los intereses particulares de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, que se reparten el poder y se aseguran su continuidad al frente de sus respectivos partidos.