Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, ha vuelto a hacer lo que mejor sabe: soltar titulares llamativos sin el más mínimo interés en ser coherente, dando una nueva lección de lo que es el populismo político. En su última intervención en El programa de Ana Rosa, ha dejado caer que "estamos engañando al presente y al futuro de España" con las pensiones, asegurando que "la generación del 'baby boom' a lo mejor ni las tiene". Un mensaje catastrófico, alarmista y, sobre todo, vacío de soluciones.
Ayuso juega a dos bandas con un descaro que ya ni disimula. Por un lado, alerta de que el sistema de pensiones es insostenible, que los jóvenes no podrán pagarlas y que "estamos hipotecando el futuro". Pero, en la misma entrevista, insiste en que a los mayores no se les debe negar una subida. Es decir, reconoce que el sistema no se sostiene… pero pide seguir tensionándolo. Un ejercicio de malabarismo político digno de premio.
El problema es que este discurso no es nuevo en ella. Es su estrategia habitual: arremeter contra "los políticos" como si ella no lo fuera, o peor aún, como si estuviera admitiendo que también miente. Pero el populismo no se queda ahí. Porque después de sembrar el miedo con frases como "o dejamos de engañarnos o estamos hipotecando a las nuevas generaciones", no plantea ni una sola solución. Ni una propuesta concreta, ni una alternativa, ni siquiera un "yo haría esto". Nada.
Y así funciona Ayuso, y eso es el populismo: detalla un problema (la crisis del actual sistema de pensiones), señala un culpable (los políticos, que son unos mentirosos... menos ella, claro) y no propone ninguna solución. Y sí, claro que hay una solución y no es tan complicada, puesto que con sacar de la Seguridad Social todo lo que en realidad es "asistencia social" (pensiones no contributivas, ingreso mínimo vital...) y meterlo en los Presupuestos Generales del Estado, el sistema se sostendría, porque ese dinero por lógica debe salir de los impuestos, no de las cotizaciones.
Titulares impactantes, contradicciones descaradas y cero soluciones. Mientras tanto, el sistema de pensiones sigue necesitando reformas serias, no discursos vacíos pensados solo para generar ruido. Pero claro, para eso hay que pensar.