Opinión

El escorpión picará

(Foto: malasombra).
Ricardo Alba | Sábado 23 de septiembre de 2023

Un conocido, entusiasta en la recolección de setas para consumo propio y de la peña, presumía del gran conocimiento que poseía acerca de las características de hongos, champiñones, trufas, en fin, de sus talentos y experiencias como ‘boletaire’ (recogedor de setas en catalán sin necesitar pinganillo).

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Durante un mes, más o menos, nadie de la peña hizo acto de presencia en el bar donde solíamos hilar chácharas de aquello y lo otro. A resultas de indagaciones sobre este extraño asunto, se supo de la intoxicación masiva del grupo que asistió a la degustación gastronómica de setas recogidas por el experto en cuestión. Este envenenamiento descomunal puso en evidencia la tremenda ignorancia de quien decía saber de setas tanto como el mejor especialista en hongos. Aún se preguntan los afectados a qué especialidad de hongos se refiere el susodicho cuentista.

No es el único, atravesamos la era del timo, de la estafa, del robo, del chantaje, del okupa, del engaño, de la falacia, del camelo, del gato por liebre, bien sea cara a cara, telefónicamente, mediante correo electrónico, ciberestafas de los códigos QR y las técnicas skimming y cardingaplicaciones (lo de las tarjetas bancarias), o sea, un glosario interminable de mentiras y mentirosos para sacar tajada de bolsillos ajenos.

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Por si lo anterior supiese a poco, se puede salpimentar con los casos de bullying, agresiones, amenazas, vividores aficionados al puterío, y así hasta el infinito. Sí, ciertamente no es el mejor de los momentos en la historia muy reciente de España y, al parecer, gente indecente aviva el fuego del enfrentamiento, de la agresividad, de la provocación, que irremediablemente lleva a la descomposición de Instituciones, a la desconfianza, a la ruptura del futuro presente.

Dicho esto, la fábula de la rana y el escorpión enseña a los niños que no se puede cambiar a las personas. Los niños, curiosamente, entienden el cuentecito. Sin embargo, las ranas grandes, mayores, en grupo o en soledad, o no han leído el cuento o no lo recuerdan o, a lo peor, sí se acuerdan, pero no lo toman en serio. Es un cuento, claro. Como tantos otros cuentos, claro.

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El escorpión, el alacrán, la sabandija, son especies que no duermen o duermen de día. Andan siempre al acecho de la presa fácil esencialmente con nocturnidad y alevosía. Al escorpión le hace feliz tener todo bajo control, ser capaz de dominar cualquier situación con mentiras, medias verdades, desprecios, como sea, el caso es saciar su ambición de poder.

Sólo un tipo embustero compulsivo con claros rasgos psicopáticos en su relación con el poder es capaz de levantar piedras sin ton ni son. En una de esas puede encontrar debajo escorpiones, alacranes, que atacan si se los toca accidentalmente o si se sienten amenazados. Sabida es la predilección de los escorpiones por esconderse debajo de las rocas, de las pilas de madera y de otros escombros.

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Así pues, en efecto, se ha de ser embustero compulsivo con claros rasgos psicopáticos para meter la mano entre las piedras sin saber qué animal venenoso puedes hallar debajo. En el caso de picadura, nunca se sabe, el antídoto es rotundo: abrir la puerta y adiós, porque algún día, lo lleva en su esencia, el escorpión picará.