Opinión

El narcotráfico: de Galicia a Almería

(Foto: malasombra).
Aixa Almagro | Miércoles 02 de abril de 2025

Recuerdo aquella conversación en la terraza de un bar en el Paseo Marítimo de Almería, donde las olas rompían con fuerza y el viento traía consigo el aroma del mar. Estábamos mi amigo José y yo, hablando de los tiempos pasados, cuando los nombres de Manuel Charlín o Sito Miñanco resonaban como leyendas urbanas en nuestras charlas. “¿Te imaginas lo que debió ser vivir en aquellos años 80 en Galicia?”, me decía él mientras sorbía su tinto de verano. Pero, ¿quién diría que esa historia no se quedó allí? Que hoy, a miles de kilómetros de esas costas gallegas, el narcotráfico sigue siendo uno de los grandes problemas que nos acechan, como lo hemos visto este verano con las narcolanchas y los petaqueros que las asisten.

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La costa gallega fue durante mucho tiempo la puerta principal para la entrada de cocaína y heroína en España. Los capos gallegos eran auténticas estrellas del crimen organizado; sus nombres estaban grabados a fuego en la memoria colectiva. Sin embargo, el tiempo no perdona y muchos de ellos son ahora octogenarios que han pasado más tiempo entre rejas que disfrutando de la vida. Pero aquí viene lo curioso: aunque esos grandes nombres ya no estén al mando, su legado sigue vivo. El foco ha cambiado y ahora parece que el río Guadalquivir se ha convertido en el nuevo escenario del drama.

Es fácil pensar que este problema es exclusivo de otras regiones, pero aquí en Almería también hemos sentido su impacto. A menudo escucho rumores sobre incautaciones en nuestra costa; las noticias llegan como un eco lejano pero inquietante. Cada vez que veo una patrullera surcando las aguas del Mediterráneo, me pregunto si detrás hay algo más oscuro que una simple vigilancia costera. La realidad es que España tiene un problema gravísimo con el narcotráfico y no podemos mirar hacia otro lado.

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Una anécdota personal me viene a la mente: hace unos meses, mi primo Carlos decidió emprender un pequeño negocio de pesca artesanal. Con ilusión y esfuerzo logró sacar adelante su proyecto… hasta que un día se encontró con una red de pesca abandonada llena de paquetes sospechosos. Resulta que algunos pescadores habían encontrado “regalitos” del mar mucho menos apetecibles que un buen atún rojo. Carlos se quedó helado; nunca pensó que su pasión podría verse envuelta en algo tan turbio.

Lo cierto es que cada vez más jóvenes están expuestos a esta realidad. En lugar de ver solo las playas paradisíacas y los paisajes deslumbrantes, algunos ven oportunidades rápidas y fáciles gracias al narcotráfico. Y eso nos lleva a preguntarnos: ¿qué futuro les estamos dejando? En Almería, donde la vida puede ser dura para muchos, la tentación puede ser aún mayor.

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Así que aquí estoy, escribiendo estas líneas con una mezcla de preocupación e indignación. No podemos permitirnos ignorar lo que sucede a nuestro alrededor; necesitamos hablarlo abiertamente y buscar soluciones antes de que sea demasiado tarde. La historia del narcotráfico no comenzó ni terminará con los capos gallegos; está presente en nuestras vidas cotidianas y debemos estar alerta.

En resumen, aunque Manuel Charlín y compañía hayan pasado a ser figuras del pasado, el narcotráfico sigue siendo una sombra alargada sobre nuestras costas. Y mientras disfrutamos del sol almeriense o saboreamos un buen plato de pulpo a la gallega (sin nada raro dentro), recordemos siempre mantenernos informados y comprometidos con nuestra comunidad. Porque al final del día, todos somos parte de esta historia… y es hora de escribir un capítulo diferente.


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