Opinión

28D: Menos bromas

(Foto: malasombra).
Rafael M. Martos | Sábado 28 de diciembre de 2024

El 28 de diciembre, el Día de los Santos Inocentes, ha sido durante más de un siglo una fecha marcada en el calendario de la prensa. Un día en el que las redacciones se llenaban de ingenio y humor, donde las noticias más absurdas y divertidas hacían reír a lectores y periodistas por igual, y hasta había una competición por descubrirlas entre las páginas y las columnas. Sin embargo, un lector habitual de noticiasdealmeria.com me planteaba casi retóricamente por qué esta tradición se había perdido en nuestra provincia. Su reflexión me llevó a profundizar en un fenómeno curioso: ¿cómo puede uno competir con una realidad tan surrealista?

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Primero, es importante aclarar que la costumbre de publicar paparruchas (así se llaman) no es exclusiva de Almería ni de España; es un rasgo común en muchas culturas. Desde los medios británicos hasta los tabloides estadounidenses, el humor se convierte en un refugio ante la seriedad del mundo en un día como éste. Pero hoy, parece que la sátira ha quedado eclipsada por la magnitud del absurdo cotidiano... Trump reclamando el Canal de Panamá, queriendo comprar Groenlandia, o amenazando con invadir México... y no es coña, que diríamos aquí.

El lector mencionaba cómo la llegada de nuevas influencias culturales -woke, que es como en EEUU llaman a los progresistas, y aquí hace lo mismo la ultraderecha, ansiosa ella de equipararse con otras- podría haber contribuido a este declive. Sin embargo, yo me atrevería a sugerir que hay una razón más contundente: la realidad ha superado a la ficción. ¿Qué sentido tiene inventar una broma cuando el mundo real ya ofrece situaciones dignas de una comedia negra?

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Imaginemos por un momento algunos titulares ficticios que podrían parecer plausibles en un contexto normal:

- "El fiscal general del Estado imputado por revelar secretos personales del novio de la presidenta autonómica de Madrid".
- "La esposa del presidente del Gobierno dirige varias cátedras universitarias sin haber pisado una universidad".
- "Un ministro tiene como hombre para todo a un antiguo portero de puticlub que además se encarga de pagarle el pisito de lujo a la amante de éste, al que además cobra tarifa por acompañarle en viajes".

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Cada uno de estos ejemplos podría haber sido considerado como una broma brillante hace unos años. Pero hoy, con escándalos políticos y revelaciones sorprendentes surgiendo casi a diario, estas historias parecen simplemente otra entrega más del noticiario, y hasta si tituláramos que "Pedro Sánchez pide el Nóbel de la Paz para Arnaldo Otegi" sería creíble.

La sátira política siempre ha tenido su lugar en nuestra sociedad; sin embargo, el hecho de que personajes como Puigdemont huyera de la Justicia, y regrese para dar un mitin en plena calle, y vuelva a huir sin que el CNI y ni los Mossos, ni la Policía Nacional, ni la Guardia Civil, ni la Urbana... sean capaces de detenerle, y que ahora Sánchez se muestre dispuestos a hacerse un foto con él en Bruselas, nos da la medida de cómo están las cosas. La realidad se ha convertido en un espectáculo tan extravagante que cualquier intento de parodia pierde su efecto cómico.

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En este contexto, ¿qué espacio queda para las bromas? Si cada día nos enfrentamos a situaciones que parecen sacadas de una novela distópica, los periodistas pueden sentir que no tienen nada nuevo que aportar al juego del humor. Con cada escándalo político o revelación inesperada, el listón se eleva y las bromas se sienten cada vez más inadecuadas.

Sin embargo, quizás sea hora de replantear esta situación. En lugar de ver esto como un obstáculo para la creatividad periodística, podríamos considerarlo como una oportunidad para innovar en el arte del humor. Tal vez sea posible encontrar nuevas formas de satirizar lo absurdo sin perderse en el mar de lo real, por ejemplo, ¿qué efecto tendría titular "Sánchez convoca elecciones anticipadas"?

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Aunque es cierto que hemos perdido algo valioso con respecto a las bromas del Día de los Santos Inocentes, también tenemos ante nosotros una rica fuente inagotable de material cómico, pero como las noticias falsas ya nos acosan en las redes sociales de modo asfixiante -gracias Elon, nunca aquella X de lo pornográfico estuvo tan justificado como tu red social-.

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