El PSOE se enfrenta a una encrucijada histórica tras el descalabro electoral del 28-M. Su líder, Pedro Sánchez, ha demostrado ser un político errático, egocéntrico y sectario, que ha vaciado al partido de su esencia socialdemócrata y lo ha convertido en un instrumento al servicio de sus ambiciones personales.
Sánchez ha ignorado las voces críticas dentro y fuera de su formación, ha polarizado el debate público con sus maniobras oportunistas y ha abrazado el radicalismo de Podemos para intentar frenar su caída. Sin embargo, lejos de recuperar el apoyo de los ciudadanos, lo que ha conseguido es alejarlos del centro y facilitar el triunfo de la derecha moderada que representa Núñez Feijóo.
El PSOE necesita una profunda renovación que le permita recuperar su identidad, su credibilidad y su proyecto político. No puede seguir siendo un partido sanchista, sino socialista y obrero. No puede seguir siendo una pieza de taxidermia, sino un animal vivo y vibrante. No puede seguir siendo un rehén de Sánchez, sino un actor relevante en la escena estatal y europea.
El 23-J puede ser la oportunidad para iniciar ese cambio necesario, pero también puede ser el principio del fin si Sánchez se empeña en prolongar su agonía y arrastrar al partido con él. Los socialistas deben elegir entre Sánchez o el PSOE.