Pedro Sánchez necesita urgentemente sacudirse el complejo de perdedor. No le basta ser recibido con el indecente aplauso de una camarilla de perjudicados en las elecciones locales y territoriales que, con exhibida indignidad, buscan una salida en las próximas listas al Congreso y Senado. No en vano, es Sánchez el que monta y desmonta las listas, que darán una perspectiva de supervivencia hasta que se presente otra nueva oportunidad.
Tanto aplauso no era otra cosa que imaginar el rostro de Sánchez entre ambas manos que, con indisimulada energía, abofeteaban al líder que les ha llevado a la debacle. Y Sánchez sabe que hay voces críticas (Leguina, Guerra, Page…) y otras, apócrifas, que le acusan de ser el estandarte más nefasto de lo que dejó de ser PSOE para convertirse en este infecto sanchismo.
Se ha insistido en su carácter sociópata y autócrata, pero a Sánchez le supera su narcisismo. Ya no esconde su gran egocentrismo, se considera el nuevo Apolonio, Narciso y Petronio. Inteligencia, Belleza y gracilidad a las que suma su fluido discurso que enmudece a Sócrates, Castelar y Demóstenes.
Tan ensoberbecido está de sí mismo que reta a Feijóo a sostener un debate cara a cara cada semana. En total serían seis sesiones inaguantables que, según su estrategia, servirían para exhibir su verborrea plena de tautologías y requilorios que condujesen a la miseria a su oponente. Sánchez cree que un par de latigazos verbales descolocarían a Feijóo como ya ocurrió con Rajoy cuando le espetó aquello de “usted es un presidente indecente”, ante lo cual, Rajoy quedó descolocado y se enredó con su famosa afirmación “ruíz, mezquina y miserable”, queriendo decir “ruín”. Sánchez sabe que Feijóo puede tener un patinazo similar y por eso le invita a esta lidia con seis toros, seis. Seis debates en los que exhibirá lo mejor que sabe manejar: el engaño. Sea con el pico de la muleta o un afarolao por alto, Sánchez quiere ser el varilarguero, el banderillero, el monosabio y el eximio maestro que ejecuta con destreza la faena. Pero quedará como “exsimio” y “mono sabio” en este pretendido espectáculo cómico taurino del Bombero Torero y sus enanitos ¡huy, perdón! Sus acondroplásicos colaboradores.
Sánchez es fruto de esa nueva cosecha verborreica de la izquierda extrema y la extrema izquierda. Da igual escuchar a Iglesias, Irene o Belarra. Son metralletas, cotorras y cotorros que venden su discurso con mucho énfasis y nula sensatez. Sánchez es uno más de estos y estas habladoras compulsivas y grandes mentirosos que si algo han probado, con holgura, es su indecencia y ruindad política.