Si creían que lo habían visto todo en política, se equivocaban. La sesión de investidura de Alberto Núñez Feijóo ha sido un espectáculo digno de una comedia de enredo, con dos diputados que se han confundido al votar y han dado el 'sí' al candidato del PP, cuando en realidad querían votar 'no'. Solo tenían que hacer una cosa, solo una, solo tenían que decir una palabra, solo una... y lo hicieron mal. ¿En qué están pensando sus señorías? Es lo único que han hecho desde que empezaron a cobrar desde el 23 de julio y lo han hecho mal.
El primero en meter la pata fue el socialista Herminio Rufino Sancho Íñiguez, que en lugar de votar 'no' a Feijóo, como le correspondía por disciplina de partido, dijo 'sí'. La sorpresa y las carcajadas se apoderaron del hemiciclo, mientras él intentaba rectificar su error. Pero ya era tarde. Su voto quedó registrado como favorable al líder del PP, que se quedó con cara de póker. El diputado alegó que se había "pronunciado mal su apellido" y le permitieron corregir su voto.
El segundo en hacer el ridículo fue el independentista de Junts Eduard Pujol i Bonell, que también dijo 'sí' a Feijóo, cuando su partido había acordado votar 'no'. El diputado se dio cuenta de su error al instante y lo rectificó, pero la mesa del Congreso no le hizo caso y contabilizó su voto como válido. Empezaron entonces unos minutos de deliberación, en los que se tuvo que decidir qué hacer con ese voto nulo. Finalmente, la presidenta del Congreso, Francina Armengol, anunció que el voto de Pujol no contaba y se declaró nulo.
Estos dos lapsus han sido los protagonistas de la investidura más surrealista de la historia, que ha terminado con el fracaso de Feijóo, que no ha logrado los apoyos suficientes para ser presidente del Gobierno. Quizás la próxima vez los diputados deberían prestar más atención a lo que dicen y a lo que hacen, o al menos ensayar un poco antes de votar. Porque si no saben ni decir una palabra, ¿cómo van a gobernar un país?
De verdad... no puede ser tan difícil.