Desde mi rincón en Almería, donde el sol brilla con esa intensidad que nos hace sentir vivos, no puedo evitar reflexionar sobre cómo la Generación Z está tomando las riendas de un futuro más sostenible. No sé si es la influencia del mar Mediterráneo que nos rodea o el aroma a tierra húmeda tras una lluvia escasa, pero hay algo en nuestra generación que nos empuja a cuidar lo que tenemos. Según un informe de Bain & Company, un impresionante 65% de los jóvenes espera aumentar su inversión en sostenibilidad. ¡Eso es más que los 'baby boomers'! Y yo me pregunto: ¿qué estamos esperando las generaciones anteriores?
Recuerdo una conversación con mis amigos en una terraza del Paseo Marítimo, mientras tomábamos unas tapas de pulpo a la gallega y disfrutábamos de una cervecita fría. Uno de ellos, con su cabello teñido de verde (sí, también somos un poco extravagantes), decía que cada vez le preocupaba más el estado del planeta. "¿Te imaginas vivir en un mundo donde no podamos disfrutar de nuestras playas?", decía mientras gesticulaba como si estuviera dando un discurso ante la ONU. Y no le faltaba razón.
El calentamiento global ya se siente aquí, en nuestra tierra. Los fenómenos meteorológicos extremos han comenzado a ser parte de nuestro día a día. Las lluvias torrenciales que arrastran todo a su paso y las olas de calor que parecen sacarnos hasta el último aliento son solo algunas señales de alerta. El informe también menciona que el calentamiento global es la tercera preocupación más grande para los europeos, justo detrás del coste de la vida y la estabilidad internacional. Y claro, aquí en Almería, donde el turismo es vital para nuestra economía, sabemos que un clima extremo puede afectar nuestras playas y nuestros chiringuitos.
Lo curioso es que cada vez más personas están tomando decisiones conscientes al consumir. Más del 80% de los consumidores europeos ha empezado a comprar productos sostenibles en los últimos cinco años. ¡Eso es genial! Pero aquí viene lo complicado: aunque queramos hacer lo correcto, muchas veces esos productos naturales y locales tienen precios tan altos que parecen un lujo reservado solo para unos pocos afortunados. ¿Quién no ha sentido ese pequeño golpe en el corazón al ver el precio de un tomate cultivado sin pesticidas?
Y hablando de diferencias generacionales, me parece fascinante cómo los progresistas están mucho más preocupados por el cambio climático que los conservadores. En nuestras charlas entre amigos, siempre surge la misma pregunta: ¿por qué algunos no ven lo evidente? Quizás sea cuestión de prioridades; tal vez aquellos con rentas más altas pueden permitirse gastar más en productos sostenibles (63% según el informe), mientras que quienes luchan por llegar a fin de mes deben pensar dos veces antes de elegir entre lo ético y lo económico.
Las empresas también están notando este cambio y muchas están incorporando criterios sostenibles en sus ofertas. Sin embargo, hay una desconexión: solo el 53% de los clientes siente que estas opciones cumplen con sus expectativas. Es como cuando vas a comprar pan y te encuentras con uno integral "súper saludable" pero sabe a cartón... ¡No gracias!
En resumen, creo firmemente que esta nueva generación tiene un compromiso medioambiental admirable y necesario. Desde Almería, donde la belleza natural nos rodea e inspira cada día, debemos seguir empujando hacia adelante. La transición energética está acelerándose y las energías renovables están ganando terreno; incluso aquí hemos visto cómo las placas solares empiezan a adornar nuestros techos.
Así que sí, estoy emocionada por lo que viene. Si todos ponemos nuestro granito de arena—o mejor dicho, nuestra cucharada de sal—podemos construir un futuro donde podamos seguir disfrutando del sol almeriense sin miedo a perderlo todo por culpa del cambio climático. ¡Vamos a hacerlo juntos!