En ruegos y preguntas del Plenario del Instituto de Estudios Almerienses, celebrado en Laujar de Andarax el pasado 13 de mayo, puse en conocimiento de todos, incluida la Diputada de Cultura, Dña. Almudena Morales, y del Presidente de la Diputación, D. Javier Aureliano García Molina, unos hechos muy graves en relación con el volumen II de la Historia de Almería, que se vende como el proyecto editorial más importante promovido por la Diputación de Almeria. Esos graves hechos están referidos a vetos a investigadores por parte de los coordinadores, descoordinación por parte de estos y hasta censura (véase https://www.noticiasdealmeria. com/errores-antologicos-en-el- libro-del-iea-sobre-la- almeria-medieval).
El Presidente de la Diputación no se creía el tema de la censura y pedía disculpas por lo que sería una sensación por mi parte, pero no, no es ninguna sensación, sino una certeza probada. La diputada destacó que a los coordinadores se les había dado total independencia, que, según denuncio, se lo han tomado como patente de corso para hacer y deshacer a su antojo. Y no es la primera vez.
La censura se ha realizado con la connivencia del actual director del IEA, Mario Pulido, quien me llamó para que, entre otros puntos, no dijese que corrijo la lectura realizada por Lorenzo Cara y Bilal Sarr de que la difunta de la lápida conservada en el Convento de las Puras murió en la ruina, cuando lo que dice es que falleció a consecuencia del parto. En este punto concreto, por deferencia al recién nombrado director, acordé con él que se pusiese que difiero de esa lectura y hago otra. Han censurado la frase de que difiero de esa lectura, que está publicada por el IEA. A Mario Pulido no le importa la verdad histórica, pues debería comprobar qué lectura es la correcta y, si es preciso, “corregir” la publicada por el IEA. pero no a Mario Pulido lo que le interesa es que las obras del IEA parezcan de calidad, aunque no lo sean y acrediten errores históricos y los difundan.
Es más, ante el hecho de que, por negligencia de los coordinadores de la Historia de Almería, se hayan dejado de publicar algunos textos encargados, y de que, por incompetencia, la obra contenga múltiples y flagrantes errores, Mario Pulido se niega a pedir informes a expertos, entre los que creo que me cuento. Pretende que, gentilmente y sin pedírmelo, yo detalle los errores para que luego, con plagio y aprovechándose del trabajo ajeno, como han hecho en otros casos, los corrijan. Sencillamente, impresentable quien está al frente del IEA.
Por otra parte, Mario Pulido quiere atraer a los jóvenes al IEA, entre ellos a los universitarios, pero, eso sí, que no sea con contenidos de la historia andalusí de Almería, porque ha rechazado el ciclo de conferencias que propuse, totalmente gratuito, para, entre otros, mejorar la formación de esos jóvenes universitarios en materia de esa importante época de nuestra historia. Lo descartó con peregrinas excusas y, aunque había acordado con él reducirlo al máximo para que saliera adelante, al comprobar yo que eran mentiras las explicaciones verbales que me dio, preferí retirarme del acuerdo en el que se me concedían las migajas para un ciclo que creo sumamente interesante y no tiene desembolso económico para el IEA. Para mí la dignidad es muy importante.
Entre las muchas mentiras de Mario Pulido está que habíamos acordado que se informaría del porqué a los coordinadores de la Historia de Almería se les ha retenido solo el 2% ,que es el tipo impositivo mínimo que estipula Hacienda, de las suculentas cantidades cobradas, si es que es por cobrar dietas. Ante esto contestó, sin informarse, que ellos en el IEA hacen lo que les dicta intervención o asuntos económicos, cuando en realidad es al contrario. No son los servicios económicos de la Diputación los que deciden que a un miembro se le retiene el 15% y a otro solo el mínimo del 2%.
Por la negligencia y la incompetencia de D. Alfonso Ruiz, D. Bienvenido Marzo, D. Julián Pablo Díaz y D. Pedro Martínez Gómez, el IEA tendrá que volver a reeditar el volumen II de la Historia de Almería, incluyendo los textos olvidados y las correcciones (tengo interés en conocer cuáles serán las que harán y con qué criterio), con el consiguiente coste económico que supone para el organismo que pagamos todos los almerienses.
Y como premio a los mencionados coordinadores se les concede la distinción del Escudo del IEA. El Presidente de la Diputación, ante mi intervención en el Plenario, reconoció que no es experto para valorar el contenido, lo cual es comprensible, pero ante ello lo que ha de hacer es no precipitarse y asesorarse bien por expertos, y no por pseudo-expertos o por la endogamia que parece campar a sus anchas en el IEA. Yo no me atrevería a decir que este organismo sea el mejor centro de estudios locales de España. Lo que sí parece es que es uno de los que más gasta (será interesante analizarlo) y los resultados no se han de valorar por el hecho de que las obras y las actividades tengan apariencia de ser buenas, pues muchas de ellas parecen ser de cartón piedra.