A pocos días de las elecciones municipales del 28 de mayo, salta el escándalo de la compra de votos en Mojácar por personas en la lista del PSOE, y como contamos en Noticias de Almería, las claves apuntan que detrás están varios sectores económicos potentes en el municipio costero, así como un cierto espíritu de venganza.
Pero tranquilos, que ya sabemos como va esto. Ya lo vimos en Carboneras, donde el alcalde socialista y su hermana, concejala también, fueron condenados por comprar votos, y luego el PSOE los indultó. Así que lo dicho, tranquilos, que si gobierna el PSOE cuando este asunto reciba sentencia, todos a la calle.
Y qué decir de Melilla, donde el foco se ha querido poner en el PP, cuando la trama investigada tiene a dos socios de gobierno, Coalición por Melilla y PSOE, como artífices, ambos partidos ya con condenas en el pasado por esto mismo. Pero se ha metido al PP con calzador, después de intoxicar a la opinión pública introduciendo en la ecuación el factor “moruno”. Es decir, como CpM es una coalición de partidos casi todos con mayoría musulmana, pues se filtra sin aportar un solo dato contrastable una supuesta participación de Marruecos para focalizarlo todo en Coalición por Melilla –calumniados como promarroquíes e islamistas, cuando cualquier persona con conocimiento sabe que ambas cosas son incompatibles, y más incompatible que ambas cosas se den en CpM- y no en el PSOE, que es quien controla la subdelegación del Gobierno de Melilla –con su Policía Nacional, su Guardia Civil, su CNI-, que es el PSOE, y Correos, que es el PSOE. Y si condenaron en su momento al líder de CpM, Mustafa Aberchán, también condenaron al secretario general del PSOE de allí.
Mientras tanto en Almería, la extrema izquierda, la que se sitúa a la izquierda del PSOE, busca su minuto de gloria en Almería con la tensión electoral. No se les ocurre otra cosa que vincular el ataque a la sede de Podemos en Almería a La Tertulia de la Interalmeria TV, como ha hecho el candidato, Alejandro Lorenzo, al afirmar que es un "vertedero de la extrema derecha que se dedica a lo que ya estamos viendo". Eso se puede unir a las palabras del exlíder oficial y líder oficioso de Podemos Pablo Iglesias, hablando de que se prepara un golpe de Estado, o la lona desplegada en Madrid acusando de corrupción a una persona –el hermano de la presidenta de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Ayuso- que ha salido limpia en todas las instancias judiciales a las que se ha denunciado, incluso europeas. Y podemos hablar del sobre con las balas de las pasadas elecciones autonómicas en Madrid, o la navaja ensangrentada... todo auténticos bluff movidos solo para generar tensión y “alerta antifascista”. Una tensión que el expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero ya reconoció off the record que le interesaba electoralmente cuando se le escapó en la famosa entrevista con Iñaki Gabilondo aquello de "tensión, tenemos que generar tensión".
Quizá esa tensión es la que ha llevado a que al candidato del PP en Olula le rajen las cuatro ruedas del coche durante el mitin en el que participaba. Tensión, tensión.
Y resulta que el PSOE de la capital denuncia el “uso fraudulento” del voto por correo, pero ni dice “compra de voto” ni menciona a ningún partido como responsable. Tensión, tensión.
Ante este panorama, cabe hacer una reflexión positiva pensando en Almería, diciendo que son los extremos quienes la necesitan para sobrevivir, pero no pueden hacerlo si los partidos más centrados no les dan oxígeno. Y hace falta seriedad y rigor para gobernar. Almería es una ciudad con un gran potencial económico, social y cultural, que necesita un proyecto ilusionante y realista que responda a las demandas y necesidades de sus ciudadanos.
Por eso, es importante que en el fiel de la balanza del bipartidismo haya una opción política centrada y central que apueste por el diálogo a ambos lados, por el consenso y la cooperación, frente a la confrontación, el enfrentamiento y la tensión a la que se agarran los extremos para subsistir.
La provincia de Almería está compuesta por ciudades que no merecen ser escenario de enfrentamientos estériles y falsas acusaciones que solo buscan el rédito electoral. Almería debe avanzar hacia un futuro de realidades, que serán imposibles si lo único que hay es ruido y más ruido.