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Vesalius recupera el legado de las inéditas cantadas humanas del siglo XVIII
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Vesalius recupera el legado de las inéditas cantadas humanas del siglo XVIII

jueves 13 de julio de 2023, 17:16h

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El trío compuesto por Cristina Bayón, Alejandro Casal y Alejandro Marías pone en pie al público de «Mare Musicum» con un repertorio desaparecido desde hace 300 años

Vientos de cambio en el horizonte dieciochesco y una España que perdía influencia en el panorama internacional. Resignada a recibir un nuevo rey de otro país, costumbres y modas, y exiliaba a quienes colocaron su suerte en la balanza del bando perdedor. Si bien es cierto que tuvo que aceptar de grado ese porvenir, no olvidaba la identidad de grandeza y esplendor que antaño tuviera. Este enunciado podría aplicarse al repertorio de principios del XVIII, que magistralmente interpretó Vesalius en el quinto concierto del Festival de Música Antigua de Roquetas de Mar, «Mare Musicum», donde pusieron en escena un recital que se negaba a integrar las formas italianas imperantes de la época y mantenía en vigor las estructuras hispanas.

El trío formado por la soprano Cristina Bayón, el clavecinista Alejandro Casal y el violonchelista barroco Alejandro Marías presentaba en el castillo de Santa Ana el recital 'El baile de la cantada: Cantadas humanas inéditas del primer tercio del siglo XVIII', música vocal que recuperaba la memoria y el trabajo de compositores españoles, portugueses e italianos que tuvieron un peso de relevancia en la corte de Madrid y que cayeron en el ostracismo debido a los acontecimientos. Utilizando figuras mitológicas del mundo grecorromano, las cantadas humanas expresaban las ideas más íntimas del alma de su compositor, y la brillante voz de Cristina Bayón, clara y natural, funcionó como el perfecto conductor de esos sentimientos.

Un lamento, una reflexión y una reivindicación se advertía en las obras interpretadas por Vesalius, reflejadas por pasajes cuyas dinámicas fluían de la tranquilidad al frenesí, como la descarga de energía que produce un enfado por motivos de cambio involuntario y que, tras volver a la calma, se encuentra cargado de enriquecimiento. Traspasar la oscuridad de la sinrazón para llegar a la idea brillante de la comprensión, del crecimiento o del éxito, no solo estaba inmanente en la temática de las cantadas, también en la expresión sobre las notas tenidas de la melodía, ya sea en la voz de Bayón como en el arco de Alejandro Marías, coloreando un rayo de luz que, sin ser cegador, atraviesa el espacio para marcar el camino hacia un universo de paz y gozo en forma de arias, coplas o recitado.

Alejandro Casal, quizá el único depositario de la obra del olvidado compositor Sebastián de Albero, cuya prematura muerte en 1756 con 30 años privó a la corona española de poseer a uno de los mejores músicos del momento, desplegó en solitario sobre el teclado del clave del castillo de Santa Ana una exquisita fuga en Re menor. Huyendo de la tradición centro europea de este arte, esta fuga guardaba características de composición hispanas, siendo estas de gran longitud en la que se desarrollan dos temas musicales que vienen a fundirse en el final de la obra. Algo sorprendente de la composición de Albero, es su compleja sonoridad cargada de cromatismos que reposan en tensiones constantes, dando la sensación de ser una obra que parece saltarse todo el estilo del siglo XVIII para tocar a la puerta de la música protorromántica.

A través de las cantadas humanas, los componentes de Vesalius dieron muestras de conocerse a la perfección, como esa complicidad que se genera cuando se pueden transmitir ideas sin articularlas con la voz. A los enérgicos y veloces vibratos de Cristina Bayón acudían de forma automática los dibujos melódicos de Alejandro Marías sobre el chelo, conociendo perfectamente la respuesta al discurso expuesto por la soprano. Quienes tenían alrededor el contexto armónico elaborado por el clavecinista, que aglutinaba el marco de donde nace esta conversación musical.

Otro momento de intensa belleza y espiritualidad estuvo en las manos de Alejandro Marías, quien acompañado por Alejandro Casal interpretó la sonata para violonchelo y continuo en La menor del compositor italiano Giuseppe Antonio Paganelli, un intrépido viaje musical que encontraba su punto álgido en un turbulento segundo movimiento basado en inacabables arpegios, para llegar al amanecer del tercer movimiento, haciendo honor al dicho que asegura que, tras la tormenta, siempre llega la calma.

Con su paso por el Festival de Música Antigua de Roquetas de Mar, Vesalius no solo ha sellado su compromiso por la recuperación de ese patrimonio, que a pesar del inexorable cambio en el paradigma artístico y social se mantenía fiel a sus raíces, sino que ha dejado sobre el escenario de «Mare Musicum», además de un río de aplausos entre un público entregado con el recital, un plan maestro elaborado por personajes legendarios y costumbristas, letras, melodías y armonías que se exponían como una tormenta de ideas que fluían sin cesar hasta alcanzar la composición de un concierto de música directa al corazón y determinada a llegar a la cadencia final.

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