Los partidos políticos son un problema o una solución?. Confiamos más en los partidos o en las asociaciones, cuando se trata de reclamar causas que consideramos justas?. Limitan los partidos políticos excesivamente la libertad de los miembros de su propia organización?
En mi opinión los partidos políticos son absolutamente necesarios pero existe un alto nivel de descrédito de los mismos, por cierto al igual que de los sindicatos. En numerosos estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas se ha constatado que este asunto preocupa a los ciudadanos . Sin embargo, este descrédito contrasta con el fortalecimiento de la partitocracia, cada vez mayor en nuestro país.
Pero por otro lado, aumentan las voces, entre las que me encuentro, que reclaman una reforma de la Ley Electoral y, concretamente, la instauración de un sistema de listas desbloqueadas o abiertas, para hacer de la democracia un arma mucho más eficaz.
A finales del siglo pasado y sobre todo en este, hemos asistido a la evolución de los grandes partidos políticos, han evolucionado de estar muy marcados ideológicamente hacia partidos “catch all”, donde todos pueden caber o de amplio espectro. Es cierto que recientemente han nacido otros partidos con un respaldo reseñable, de marcado carácter ideológico, aunque debemos constatar que estos proyectos han ido bajando paulatinamente sus expectativas. Sí observamos el sistema de partidos políticos de los países anglosajones, la evolución hacía los partidos de amplio espectro, catch all, está muy asentado. En Occidente el resto de países caminan hacia ese modelo con distinta intensidad.
Pero existe una premisa para que este modelo de partido se instaure de forma más rápida en nuestro país y se trata de las listas abiertas o desbloqueadas.
En España, las elecciones generales, autonómicas y municipales dan la opción al elector de votar la lista de candidatos que presenta cada partido con el orden que establece el partido y sin que haya opción alguna de cambiarlo. Hemos conseguido que los ciudadanos defiendan unas siglas, sin pensar en el tipo de personas que hay detrás.
Sin embargo en las elecciones al Senado, cada elector debe votar a tres candidatos por circunscripción electoral. Da igual el orden y el partido, sin embargo, casi siempre suelen coincidir con los resultados que se dan en el Congreso, puesto que la mayoría de los electores vota a los tres que presenta el partido que más le agrada.
Este sistema funciona en los países anglosajones, pero con una diferencia radical, su sistema electoral es mayoritario uninominal, el país se divide en tantas circunscripciones como escaños a elegir, teniendo en cuenta que en cada circunscripción se elige solo al diputado que tiene mayor número de votos. En este formato sí es más fácil que la población de una comarca determinada, se identifique con una persona por encima de una ideología concreta.
No digamos ya en Finlandia, los partidos políticos, que pueden presentar sus listas por separado o formando coaliciones, y por otro lado están las listas independientes que puede presentar cualquier asociación. Para ello, basta con presentar 100 firmas de votantes del distrito respaldando al candidato. Además, estas asociaciones pueden formar coaliciones entre ellas para presentarse. En las listas electorales aparecen los candidatos mezclados con un orden que se determina por sorteo.
En mi opinión como liberal convencido, lo importante es la libertad personal y el modelo que permite desarrollar esta libertad, es el óptimo. Tanto la libertad del elector por conocimiento más exhaustivo de la persona que los pretende representar, con la distribución de escaños, tantos como circunscripciones electorales. Y libertad de los candidatos y miembros de los partidos políticos, aunque tengan mayor sintonía con el partido que representan, deben tener la libertad absolutamente necesaria para expresar su disenso en los temas que así consideren.
Por lo tanto para los liberales, la defensa de las listas abiertas debería ser una obligación irrenunciable.
“La libertad no es un medio para conseguir un fin político mayor. Es en sí misma el fin político mayor”. Lord Acton